¡Se necesita ser valiente para dejar el pasado en su lugar en el pasado!

Comprendí que mi pasado podía ser mi peor enemigo o mi mejor maestro; mi mayor terror o el más grande comienzo. Podemos tomar el camino del temor, correr a la cueva y negar con todas las fuerzas lo sufrido. Pero también podemos ser valientes y enfrentarlo, reconociendo la realidad que nunca se deseó, pero dándonos la oportunidad de vencerlo, tratar con el dolor, sanar y salir victoriosos.

Por: Debbie Mendoza

Hay poder en tu pasado, este puede marcarte y atraparte. Puede llenarte de amargura, odio, culpa, rencor y venganza, o puedes ser consolado y convertirte en un sabio maestro. Tu pasado puede transformarte en una persona llena de empatía, compasión y amor para ayudar a otros.

He encontrado que el pasado puede ser muy atractivo para algunos, y aunque no quieran repetirlo, los recuerdos los atraen y lo reviven en su interior. Son como aquellos que tratan de salir de la arena movediza en la cual quedan estancados y se hunden cada vez más. Sin embargo, cuando te tomas de la mano de Dios, Él te transforma, te llena de esperanza, y esta te da ánimo para avanzar cada día.

Cuando un terremoto deja todo en escombros, podemos ver la desolación espantosa en aquellas edificaciones en donde antes nos refugiábamos y descansábamos, donde nos sentíamos seguros. Así es nuestra vida cuando pasa una crisis, todo se derrumba.

Si Dios nos levantara del suelo, nos diera una nueva esperanza y pusiera delante de nosotros una nueva casa; segura, totalmente habilitada y hermosa, nos miraríamos muy mal si regresáramos a los escombros en busca de cosas que ya no tienen valor o sentido. Así son las heridas del pasado ¡no valen la pena! No podemos vivir nuestra nueva vida si seguimos con los ojos puestos atrás.

Job dijo que olvidaríamos la miseria y que nos acordaríamos de ella como aguas que pasaron (Job 11:16). El pasado quedó atrás, no se puede hacer nada por cambiarlo. El presente es regalo que Dios nos da como una nueva oportunidad de tener un lindo futuro. No hagamos del pasado nuestro presente. Sé valiente y déjalo donde le corresponde, ¡en el pasado!

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