Por: Stephen y Alex Kendrick

Productores y Directores de cine.

 

De modo que si alguno está en Cristo, ya es una nueva creación; atrás ha quedado lo viejo: ¡ahora ya todo es nuevo! 2 Corintios 5:17.

Necesitamos pedirle a Dios que rompa las cadenas de nuestra vida y de nuestro pasado. Precisamos convertirnos en rompedores de cadenas: hombres que cortan con cualquier cosa que les impida dejar un nuevo legado de fidelidad.

Las generaciones familiares irán alejándose de Dios, a menos que alguien decida romper la cadena, se plante y cambie las cosas; porque aunque los hijos no reciban el castigo de sus padres, sin duda se ven afectados y negativamente influenciados por ellos debido a su autoridad espiritual y posición de influencia en nuestra vida.

Este poderoso -a menos que- es el mensaje liberador… Iremos para atrás a menos que nos liberemos de nuestras debilidades familiares por el poder de Dios, al buscarlo, confiar en Él y seguir Sus pasos.

La intención no es culpar a tus padres por tus propios pecados. Las Escrituras repetidas veces enseñan que debes honrar “a tu padre y a tu madre” (Éxodo 20:12). Debes agradecer a Dios por ellos, más allá del ejemplo que hayan dado, sabiendo que Dios es quien estableció tu familia de origen (Salmo 139:13-16). Si estás dispuesto a observar tu vida desde el punto de vista ventajoso y providencial de Dios, entonces no debes sentirte paralizado ni traumado por ninguno de los aspectos negativos de tu árbol genealógico. Podrás verlos como senderos a evitar, fortalezas que conquistar y oportunidades para revelar el poder de Dios en tu vida, así estarás cambiando las reglas de juego para las generaciones futuras.

 

Hay tres clases de cadenas presentes en nuestra vida:

* Las que vienen de la naturaleza: la naturaleza pecadora innata que recibimos de nuestros padres

* Las que vienen de las elecciones: pecados que cometemos y las ataduras que significan

* Las que vienen de la crianza: ejemplos dolorosos, mentiras y tradiciones humanas que seguimos

 

El poder para romper toda maldición reside en su salvación. Cuanto más descubrimos quién es Dios, más lo amamos, le tememos y lo respetamos, esto a su vez nos lleva a comprender y a desear vivir en verdadero arrepentimiento.

Tú también puedes dar vuelta a la página de ayer y construir hoy sobre lo que sea bueno y valioso de tu pasado pero quitando lo pecaminoso que sea un estorbo. Luego, al avanzar deberás tomar frecuentes y deliberadas decisiones difíciles:

* Cuando el pecado invada tu vida: arrepiéntete

* Cuando la amargura eche raíces en tu corazón: perdona

* Cuando las mentiras se mezclen en tu historia: busca la verdad

* Cuando las tradiciones ganen terreno: vuelve a empezar

* Cuando los problemas acechen para robar y arruinar: Ora

* Cuando los obstáculos aumenten: consagra y dedica tu familia a Dios

Él puede romper cualquier cadena de tu pasado y hacer que inspires un legado de fidelidad para las generaciones futuras. Así que es hora de avanzar. De crecer en fe y fortaleza. De recuperar el terreno perdido. De formar un fuerte parapeto protector de bendición para las generaciones futuras. Por su gracia, podemos convertirnos en hombres fieles y decididos.

 

Extraído del libro La Resolución de los Hombres.

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