¿Por qué Dios diseñaría un bebé para que sobreviva solo dos minutos? Esa no es una pregunta hipotética, aun para algunos de ustedes que nos están escuchando en este momento.

Esta pregunta la hizo Marshall Shelley en 1994. Había perdido a dos hijos por defectos genéticos. Él y su esposa, Susan, perdieron una hija poco antes de su segundo cumpleaños y perdieron un hijo que vivió solo por dos minutos. ¡Sus hijos fallecieron con tan solo tres meses de diferencia!

Su hijo, nacido con un raro trastorno genético llamado trisomía 13, vivió unos segundos, como se esperaba médicamente. «El médico cortó el cordón y colocó el bebé sobre el pecho de Susan con cuidado», contó Marshall. «Tenía un color rosado saludable y vimos que su pecho subía y bajaba: el aliento de vida. Gracias Dios. Luego, casi de inmediato, comenzó a ponerse azul. Acariciamos su rostro y le susurramos palabras de bienvenida, de amor, de despedida. Demasiado pronto, el médico nos dijo que se había ido». Más tarde, Marshall reflexionó sobre la experiencia y escribió esto:

Estuve con mi hijo toda su vida: dos minutos. Entró al mundo de la luz y el aire a las 8:20 pm del 22 de noviembre de 1991. A las 8:22 él partió, dijo el médico. Parecía muy poco tiempo. Demasiado corto. Mi esposa Susan y yo nunca llegamos a verlo dar sus primeros pasos. Apenas pudimos verlo respirar por primera vez. No sé si le hubiera gustado el softbol o el software, los dinosaurios o las libélulas. Nunca llegamos a luchar, competir o leer.¿Hubiese disfrutado él esas cosas como lo hacen sus hermanas mayores? ¿Qué le hubiese hecho reír? ¿Atemorizado? ¿Enojado? Esas preguntas pululaban en mi alma durante los días posteriores a la llegada y partida apresurada de mi hijo. Me preguntaba tantas cosas. Pero una pregunta era más grande que todas las demás, la cual me atormentó por meses: ¿Por qué Dios crearía un bebé para vivir dos minutos?

La pregunta es totalmente puntual. ¿Por qué Dios crearía un bebé para vivir tan solo dos minutos? Después de esta temporada de dolor, después de la pérdida de sus dos hijos, Marshall Shelley asistió a la reunión de su clase de la escuela secundaria y se le pidió que se pusiera de pie y compartiera lo que había aprendido sobre la vida.

Dos minutos no es muy diferente de setenta años cuando se considera una eternidad 

Marshall ha sufrido mucho. Tuvo una hija que nació con mucha discapacidad, vivió dos años y murió. Luego tuvo un hijo que vivió dos minutos y murió, así como le sucedió a algunas personas en esta iglesia. Tan solo le pidieron: «Levántate y dinos algo, Marshall», pero no sabían lo que les esperaba. Alguien dijo que fue uno de los momentos más profundos de una reunión de exalumnos en la cual hayas estado. Noël me ha contado algunos momentos profundos en las reuniones de exalumnos de las cuales ella ha participado.

Es gracioso, estas cosas que suceden en las personas cuando van a reencuentros de egresados de veinticinco y treinta años, y se les pide que digan algo sobre la vida. Es tan diferente a cuando tenías dieciocho, ¿verdad?

Lo que dijo fue: «La vida es dura. Dios es bueno». Luego contó la historia de este pequeño bebé de dos minutos. Leí el artículo hace unos tres meses atrás y justo me acabo de acordar. Pensé: «Tengo que conseguir este artículo para algunas familias de nuestra iglesia», porque recuerdo que él estaba luchando con la pregunta: «¿Por qué Dios crearía un bebé para vivir dos minutos?».

Este vapor de siete décadas

Verás, Marshall Shelley ni siquiera preguntó si Dios lo hizo. Marshall está tan saturado con la soberanía de Dios que hizo la siguiente pregunta: ¿Por qué Dios diseñaría un bebé para vivir dos minutos? La respuesta que dio fue: «No lo hizo. Él lo diseñó para vivir para siempre». Dos minutos no es muy diferente de setenta años cuando consideramos la eternidad.

Piensa en eso. Solo piensa en eso: no creemos en la eternidad la mayor parte del tiempo cuando murmuramos sobre por qué perdemos esto o aquello. Dos segundos no es muy diferente. Imagina el ancho de un edificio como una eternidad. Puedes imaginar, entonces, cuán minúsculos serían tanto setenta años como unos minutos. Piensa en eso. Dios no creó a ese bebé para que viviera dos minutos. Bueno, esa es una respuesta y hay otras. Hay otras.

Esta vida, amigos, no es lo principal. Esto no es lo principal. Esto es una preparación, un terreno de prueba. Jesús habló como si tuviéramos unos años para invertir. Invierte bien porque luego gastas. Tenemos una mentalidad totalmente diferente: tenemos setenta años para gastar y luego se acaba. Realmente necesitamos escuchar a Marshall. Necesitamos escuchar a personas así.

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