El pastor evangélico promedio tiene un sueldo medianamente bajo. No es una profesión para los que tienen ambición económica.

Nadie dijo que los pastores tienen una vida fácil. Si usted hace una lista de las dificultades que conlleva el ministerio, de inmediato se identificarán con el apóstol Pablo, que escribió su propia lista en 2 Corintios 4: “atribulado en todo… en apuros… perseguidos… derribados… siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús” (vv. 8-11).

Por: Bob Rhoden

En la actualidad, la lista de los pastores sería algo así:

Un horario extenso e irregular
Éste no es un trabajo de nueve de la mañana a cinco de la tarde. Hay una razón de que las huestes celestiales anunciaron el nacimiento del niño Cristo tarde por la noche a “pastores en la región”, fuera de Belén. La mayoría de las personas estaban durmiendo a esa hora. Pero estos muchachos, no. Todavía estaban trabajando. Hoy, el ministerio abarca muchas noches y fines de semanas: la razón más obvia es que esos son los horarios en los que la gente está disponible. Además, las emergencias tienden a irrumpir en horarios imprevistos. Aun así, hay muchas necesidades que precisan atención durante el día. Algunas personas dedicadas al ministerio han trabajado tantas horas, que su familia y su propia salud han sido afectadas. Pero no hay manera de eludir el hecho que es un estilo de vida irregular. Siempre lo será.

Un ingreso bajo
En los Estados Unidos, el pastor evangélico promedio tiene un sueldo medianamente bajo. No es una profesión para los que tienen ambición económica. (En ese sentido, es literalmente cuidar ovejas; me enteré de que la mayoría de los pastores de Norteamérica lo hacen más como pasatiempo que como una manera de subsistir.)

El trabajo tenaz en el ministerio no necesariamente será gratificado con un incremento salarial, como otros trabajos. Unos cuantos ministros sinceros se me han acercado diciendo “Amo mi trabajo, y creó que Dios me llamó a esto… pero no me alcanza pagar mis cuentas, Mis hijos están creciendo y cada año necesitan más cosas” ¿Qué voy a hacer? Muchos de ellos comienzan a buscar un trabajo a medio tiempo.

A veces los líderes laicos que se encargan de fijar los sueldos tienen la noción errada de que el ministerio en sí es una recompensa, y que los pastores no necesitan recibir un sueldo que esté al mismo nivel que otros profesionales. Mi respuesta es que, aunque no seamos gerente general de una corporación con fin de lucro, por lo menos somos el equivalente de, digamos, los directores de escuela, que supervisan la educación de los estudiantes de la comunidad. Nuestra contribución a la salud de la ciudad sin duda está a la par de ellos.

Disponibilidad Constante
Ésta es otra parte del precio del pastorado. Las ovejas lo necesitan cuando lo necesitan (o cuando piensan que lo necesitan). Me da dolor y vergüenza ajena cuando escucho a los pastores repetir el viejo chiste: “Me encanta el ministerio, lo que no me encanta es la gente”. Las personas son precisamente la razón de que estamos aquí.

Reconozco que, en ciertos momentos, las personas pueden cansarlo a uno y consumirle la energía. Es por eso que necesitamos ministrar con una unción divina, y no tan solo porque estamos conscientes de sus necesidades. Pero si nuestro ministerio brota de la unción, nos levantaremos cada mañana con la pregunta:” ¿Qué quiere Dios que haga por alguien hoy?”.

Privacidad Limitada
El hecho de que los ministros tengan poca privacidad también está vinculado con su disponibilidad. Si es líder, también es una figura pública, su vida y actividades están a la vista de todos.

Lo mismo se aplica a la vida de su esposa y de sus hijos. La única opción es ver la obra del ministerio como una ocupación familiar, como el tipo de cosa “que hacemos juntos”.

Grandes expectativas (incluso la perfección)
Es natural que las ovejas esperen que el pastor sepa lo que hace, que tome buenas decisiones, que cumpla su palabra, que se conduzca con honradez en todo tiempo. Si creemos que es mucho pedir, entonces tenemos que preguntarnos si realmente es el lugar al que pertenecemos.

Cuando la gente confía en nuestra voz y nos sigue, en realidad está confirmando nuestra vocación.

Comentarios Negativos
Cuando nuestro desempeño es insuficiente, -o incluso cuando no cumplimos lo que se espera de nosotros- quienes nos observan con toda rapidez nos lo dirán. No podemos dejar que el sarcasmo de nuestros detractores nos disuada de nuestro llamamiento. Dios nunca prometió que le caeríamos bien a todo el mundo.

Apenas Moisés (quien trabajó como pastor por cuarenta años, no lo olvide) sacó a los israelitas de Egipto, comenzaron las quejas. Clamó entonces Moisés al Señor, y le dijo:

¿Qué voy hacer con este pueblo? ¡Sólo falta que me maten a pedradas! Adelántate al pueblo -le aconsejo el Señor-. Me encanta esa instrucción de Dios: “adelántate al pueblo”. Eso es lo que hace un pastor. No participa en disputas. No se distrae ni se desvía. Más bien, guía continuamente hacia la solución.

La vida del pastor no es simple. Conlleva múltiples sacrificios. Pero la recompensa en esta vida y en la venidera notoriamente excede los sacrificios. Como se expresa en una vieja película: “Mi vida ha superado mis sueños”.

Extracto del libro: Los 4 Rostros de un Líder

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