Los americanos tienen una frase muy curiosa haciendo un juego de palabras que queda muy bien en inglés. Dice: “you don´t have success until you have a successor”.

Esto significa: “No tienes éxito hasta que no tienes un sucesor”. Y no les falta razón. Porque el verdadero éxito no consiste solamente en conseguir lo que uno se proponía, sino en ser capaz de mantenerlo después a lo largo del tiempo. ¿Cuánto tiempo? Esa es la cuestión.

Por: Marcos Vidal

Hoy escuchamos hablar continuamente sobre liderazgo espiritual y existen muchísimos libros acerca del tema. Creo que hay muy buen material al respecto, y muchas cosas que se pueden aprender y aplicar en la práctica. Lo que más me preocupa es si más allá de las buenas enseñanzas y seminarios, hemos comprendido bien la gran responsabilidad que tenemos de ejercer un auténtico liderazgo espiritual, y de pasar la antorcha intacta a aquellos que vienen después para que no se apague nunca. Más bien tengo la sensación de que nos ocurre todo lo contrario.

En el mundo evangélico sucede con demasiada frecuencia, que nos afanamos en construir pequeños o grandes imperios que giran en torno a una personalidad relevante y, una vez que el personaje central desaparece, se desvanece con él la esencia de todo lo que había, y vuelva a empezar de cero. En el mejor de los casos hay una transferencia de liderazgo pero se diluye mucho de la identidad inicial sobre la que se fundamentó todo.

El protagonismo personal es en la actualidad uno de los mayores enemigos del liderazgo espiritual efectivo.

A mi entender, eso tiene que ver con un enfoque demasiado temporal, demasiado anclado en el presente de lo que tenemos hoy delante, y a veces también en la propia ambición humana de destacar individualmente por encima de otros.

Pero parece haberse convertido en otra “forma” de trabajo, no sólo aceptable sino además envidiable. Como si nuestra meta debiera ser “hacer algo grande para el Señor” que se limita únicamente al tiempo que viviremos sobre esta tierra, sin pensar en qué pasará con esa obra, una vez que ya no estemos aquí.

Hoy, cuando escucho nombres de personas conocidas en el campo cristiano, inevitablemente me pregunto: ¿Dónde están los sucesores? Es decir, me cuestiono si la persona fundadora, la más conocida, la que es el alma del movimiento tiene ya identificado a su próximo sucesor, y si en su concepto de liderazgo está bien asentada la idea de que cuando el director desaparezca, no se debería desvanecer ni detener la obra. O si por el contrario, ni siquiera ha pensado en ello.

Creo que el protagonismo personal es en la actualidad uno de los mayores enemigos del liderazgo espiritual efectivo. Evidentemente su origen está en el orgullo. Esa tendencia a brillar por encima del resto. Y lamentablemente esto es algo de lo que la iglesia actual no está exenta. Precisamente comprobamos cómo se idolatra muchas veces a personas concretas por su ministerio o por la labor que realizan, y parece como si en el gran cuerpo de Cristo existieran algunas estrellas importantes, y el resto fueran de segunda categoría.

Yo entiendo que en cualquier ejército existe una jerarquía y que igualmente en el Cuerpo tiene que haber un orden, eso está fuera de toda duda. Pero lo que quisiera enfatizar es la importancia de la transferencia de liderazgo en cada una de esas funciones.

Extracto de libro: “Con su permiso”
Editorial: Vida

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