“El que se desmaya en el momento más oscuro, tal vez se rinda solo segundos antes de que comience la aurora”

Una vez que el pecado incursiona en la realidad humana, notamos una tendencia general al desorden, a la destrucción y al deterioro. La Biblia nos revela con claridad que la consecuencia inevitable del pecado es la muerte. Esta tendencia, entonces, es parte del proceso de muerte en que se encuentra el ser humano a causa del pecado.

Por: Luís Ángel Díaz Pabón

En el aspecto social, esta inclinación negativa se observa de manera acentuada. En raras ocasiones oímos de disminución en la incidencia de laguna lacra social. En realidad, sucede lo opuesto. No existe una tendencia natural al desarrollo.

Es importante observar la dimensión espiritual y analizar cómo esta tendencia negativa puede afectar nuestra fe. Consientes de esta inclinación, no debemos abandonar nuestra vida en manos del azar. Como colaboradores del Espíritu Santo, trabajamos en el desarrollo y diseño de nuestra vida. Esto supone una ocupación responsable en lo que somos y deseamos llegar a ser. Cultivar una buena relación cotidiana con el Señor debe ser una prioridad en la vida de los cristianos que anhelan una autentica prosperidad.

Nada ocurre de manera automática en la vida cristiana. No podemos esperar que el crecimiento y el avance se produzcan espontáneamente solo porque seamos creyentes. Quien piensa de esa manera pronto sufrirá desaliento y desánimo.

Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo casi de 100 años), o la esterilidad de la matriz de Sara. —Romanos 4:19

Como el caso de Abraham debemos evitar que nuestra fe se debilite. Si no lo atendemos de manera apropiada, como el que amorosamente cuida un jardín, pronto observaremos que las hojas comenzarán a caer y no llegará el fruto esperado.

No hay una razón buena o justificable para debilitarnos en la fe. Algunos usan ciertas circunstancias como excusa cuando se les pregunta acerca de su fe debilitada, pero tenemos que sopesar los argumentos de cada situación con lo que dice la Palabra de Dios, y entonces juzgar que pesa más. Sin duda descubriremos este secreto: no importa lo que vean los ojos. Por encima de todo, “sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso” (Romanos 3:4)

Consideramos la experiencia de otros que estuvieron en situaciones similares o peores a las nuestras y no se debilitaron en la fe.

¿Hasta cuándo debemos tener fe? Hasta llegar a ser lo que Dios ha establecido. La meta la establece el Señor, y nosotros, y la mediocridad no es parte del plan para Sus hijos. De modo que al movernos con fe, lo hacemos en un marco de excelencia, procurando siempre lo óptimo, que es la voluntad de Dios. La fe no se detiene antes de alcanzar la meta. El que desmaya en el momento más oscuro, tal vez se rinda solo segundos antes de que comience la aurora.

Si alguien pregunta: “¿Hasta cuándo tendrás fe?”, conteste: “¡Hasta que llegue la respuesta!”.

Extracto del libro: “Secretos de una fe”
Autor: Luis Angel Díaz Pabon

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