Moisés lo escuchó por primera vez frente a un arbusto ardiente, Jonás recibió la instrucción directa de Dios para predicar a una nación extranjera, Elías escuchó claramente la voz de Dios para predecir la sequía y Jeremías incluso negoció con Dios acerca de su llamado.

Por: Rodrigo Motta

La Biblia relata que Samuel, a diferencia de estos renombrados profetas, tuvo que “aprender” a escuchar  y reconocer la voz de Dios.

Algo que tenemos en común todos los ciudadanos guatemaltecos del 2015 con el profeta Samuel es la necesidad de aprender a escuchar a Dios para dar pasos seguros acerca del futuro político y social del país.

Su proceso llevó varios intentos de parte de Dios para finalmente poder establecer ese contacto sólido con el nuevo profeta. De hecho se necesitó de la intervención del mentor del joven siervo de Dios para que éste le indicara cómo establecer el contacto y responder a lo que Dios le estaba hablando.

La ciudadanía actual atraviesa la misma situación. Dios está hablando y el pueblo no está escuchando. O a lo menos no reconoce la voz que le habla.

El momento actual es crítico. Nos toca elegir a un gobernante y no es para menos. Serán cuatro años de toma de decisiones críticas sobre economía, seguridad, justicia, salud pública, educación, impunidad, etc. Es un panorama complejo muy similar al vivido en tiempos de Samuel y donde se requería que un hombre escuchara claramente la voz de Dios para recibir dirección sobre el gobernante elegido por Dios y que sería designado por el profeta.

Antes de ir a las urnas…, lo mejor que podemos hacer es orar para afinar nuestro oído espiritual y decir como Samuel: “habla Señor, yo te escucho…”

Escucha la voz de Dios y elige.

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