Un ministro, el obispo Wright, se puso de pie y colérico protestó, gritando: «¡Herejía! ¡Solo los ángeles pueden volar!»

A fines del siglo diecinueve, cuando la Iglesia Metodista celebraba la convención de su denominación, un líder se puso de pie y explicó su visión tanto para la iglesia como para la sociedad en general. Les dijo a los ministros y evangelistas que él creía que un día el hombre volaría de un lugar a otro en vez de simplemente viajar en el lomo de un caballo. Pero fue un concepto demasiado estrambótico para muchos en el público.

Un ministro, el obispo Wright, se puso de pie y colérico protestó, gritando: «¡Herejía! ¡Solo los ángeles pueden volar!» Luego siguió diciendo que si Dios hubiera querido que el hombre volara, le hubiera dado alas. Claramente, ese obispo no podía captar la visión de lo que el otro estaba prediciendo.

Cuando el obispo Wright terminó su breve protesta, llamó a sus dos hijos, Orville y Wilbur, y salió del local.

Como lo oye. Sus hijos eran Orville y Wilbur Wright. Varios años más tarde, el 17 de diciembre de 1903, estos dos hijos hicieron lo que su padre tildó de imposible. Hicieron cuatro vuelos ese día. El primero duró solo 12 segundos, pero el cuarto duró 59 segundos, y cubrió una distancia de más de 259 metros.

Pronto los hermanos Wright construyeron el primer aeroplano práctico del mundo, el Flyer [Volador] III, y para 1908, los hermanos habían demostrado un modelo mejorado en Francia que voló 90 kilómetros en menos de dos horas.

Dos hermanos trabajando juntos para lograr lo imposible, y en el proceso, cambiaron el mundo.

Tomado del libro: «El poder de una Alianza»

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