Imagina los discípulos saliendo con Jesús en un bote cuando estalla una tormenta. No están preparados para enfrentarla y, aterrorizados, se dan cuenta que pueden morir. Mientras sucede todo esto, Jesús está durmiendo plácidamente

“¿Qué clase de hombre es este, que

hasta los vientos y las olas le obedecen?”

Mateo 8:27

En lugar de esperar la reacción de Jesús ante esta situación, los discípulos permitieron que su situación dictara sus reacciones. 

Después de rogarle a Jesús que haga algo, Él calma la tormenta… Pero no sin antes preguntarles: “¿Por qué tienen miedo?” 

Su gentil reprensión por su falta de fe no fue porque no creyeran que Jesús podría salvarlos de la tormenta, sino porque lucharon para creer que Él podía verlos a través de ella. 

Al encontrarnos con tormentas que no podemos controlar, ¿Cómo respondemos con fe? Aquí tres verdades para recordar:

1. Dios tiene poder sobre cada tormenta.

Si el viento y las olas no le importan a Dios, entonces no deberían asustarte. Es probable que no puedas cambiar tu situación, pero puede optar por confiar fielmente en Dios en medio de ella.

2. Fijar tus ojos en Jesús te lleva a la paz.

¿Miras el tamaño de la tormenta o vuelves tu mirada hacia Aquel que puede calmarla? Es solo enfocándote en Dios, quien conoce cada resultado, que puedes navegar en cualquier situación con Su sabiduría y paz. 

3. Jesús está siempre en tu bote.

Es fácil concentrarte en tus miedos porque no puedes controlar tu futuro. Pero afortunadamente, Jesús sí conoce tu futuro y siempre está a tu lado. Y te llama a vivir por fe, no por vista.

Cuando te encuentras abrumado por la vida, siempre tendrás dos opciones: puedes enfocarte en las circunstancias o fijar tus ojos en Jesús. 

Si eliges mirar a Jesús por encima de todo lo demás, comenzarás a ver que las tormentas que enfrentas no son tan poderosas como el Salvador que elige caminar a través de la tormenta a tu lado.

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