“¡Querella entre familias!”, familias cimentadas en oposición por ideologías de pensamiento.

«Alto mandatario al frente»

Por: J. Artiga
@profetika

En contraposición a un tipo de pensamiento, ideas patentadas por grandes pensadores que forman parte de la cultura, la idiosincrasia y el conocimiento del ser humano.

¿Hasta cuándo dice el Señor? ¿Hasta cuándo? me levantaré y escucharé a las naciones clamar por los reyes. Beligerantes delante de mí, en contraposición de pensamientos ideológicos, ajenos a lo que YO SOY.

«Resistan al diablo y él huirá de vosotros», <Stg 4:7> he dicho; Aun así permanecen, se acompañan y son congruentes en el error de permanecer en el tipo de ideología que yo no les he enseñado.

No deberían estar dentro de mis atrios con amargura de corazón, por lo contemporáneo, por lo que acontece en las naciones, ¡beligerantes frente a mí!, en contraposición de lo que ustedes creen que es correcto para ustedes mismos.

¡División en las familias por las ideologías de pensamiento del ser humano!, se contraponen a lo nuevo, a lo bello, a lo sacado de mi reino para hacerles poderosos en justicia y auténticos creyentes y ¡seguidores del Dios vivo! Las naciones pierden y pierden la ocasión de permanecer para sacar, para obtener toda la misericordia que necesitan para sus escuelas, para los hospitales, para sus ancianos, para sostener infraestructuras, para mantener sus relaciones internacionales.

¿Por qué, «mi pueblo de labios me honra pero su corazón no me pertenece»? <Is. 29:13>

¿Por qué, se enfocan y hacen énfasis en revocar el bien y hacer prevalecer el mal?

El holocausto, acusa la contraposición de un hombre, a lo que ¡YO SOY! con la ideología y con su pensamiento acerca de lo que él era.

¡Despierta! ¡Despierta! La luz prevalece y prevalecerá siempre sobre las tinieblas, aún a pesar de ti

¡No seas una generación perdida en tinieblas!

Haz los cambios necesarios y date cuenta que sí permaneces en mí, todo lo que yo tengo, todo lo que he creado, todo lo que YO SOY permanecerá en ti.

La infrecuencia de este tiempo, mejora cada vez más, pero, empeoran los acontecimientos, los alrededores, las pérdidas, los desalojos, las separaciones conyugales, la desintegración familiar.

La tierra se enmohece y se corroe y la penumbra se hace más grande sobre ustedes, a causa de los pensamientos ideológicos.

¡No frenan su boca! siguen y siguen y siguen considerando sus propios caminos como ¡perfectos caminos!

Acusan a aquel, acusan a este, acusan a aquella, acusan a esta; ¡Hipócritas sois!

¡Yo te conozco! sé de dónde vienes, sé lo que eres, sé lo que haces, sé cómo piensas y sé tu destino! No cambiará, será semejante el de tu hijo y el hijo de tu hijo, al tuyo y al de tus ancestros porque dejaste de confiar en mí.

Te das aplausos y quieres que permanezcan las oraciones, porque te crees superior al resto, a los demás.

Mencionas que compones situaciones, que mejoras opresiones, pero la falta de entendimiento que tiene tu alma, retuerce todo el bien que deliberadamente yo quiero hacer descender en esta nación.

¿Por qué pasa esto? te preguntas. ¿A qué se deben estos cambios incongruentes? con lo que la nación realmente necesita. Detente, nota y frena tu manera de pensar y de hablar, porque ¡yo estoy presente!  Y denotó el sistema por venir.

Acumulas, acumulas y acumulas, dejas de gozarte diariamente del bien que he extendido delante de ti, por apropiarte de lo que no es tuyo, de lo que debes presentar y compartir.

Presentar delante de otros y compartir con otros.

¡Es absurdo! el tiempo de corrupción que se ha llevado acabo, es absurdo pretender, que tales iniquidades quedarán ocultas como las grosuras de la tierra.

Permaneces en mí y luego te apartas, avanzas y retrocedes, ¿hasta cuándo pondrás fin a tu tibieza?

¡»Dices este cargo me lo dio Dios»! Y acusas a perencejo de hipócrita.

¡»Yo no hablo como él»!, dices, pero atraes a la gente con tu labia. Y me bendices con tu error.

«No te apartes de mí, Señor.  ¡Te necesito! ¡Te amo!

Y cuando ya estoy presente empiezas beligerante nuevamente, a tal punto que tuerces tu alma en el pasado, en la concupiscencia. Dejando el presente a un lado y el futuro que está por venir insípido y debilitado frente a ti.

¡Mereces la gloria! mencionas y la desgarras y me la quitas, aparentando que me la otorgas, porque no tienes sinceridad de corazón.
¡»Muerte al malo»!, ¿quién crees que es el malo, que está frente a mí?

A pesar de todo esto, te he amado, te he libertado, te he dado, te he puesto y te he entregado para que vayas y pongas por obra, cada uno de mis estatutos y mandamientos; ¡Mis preceptos!, deléitate en ellos y crecerás, avanzarás y permanecerás inquebrantable delante de mi presencia y delante de los hombres.
Fomenta el bien y ¡recibirás bien!

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