Navidad es tiempo para reír y disfrutar la compañía de las personas que amamos.

Por: Sixto Porras / Director para Iberoamerica de Enfoque a la Familia

Navidad no es tiempo para agredir, volverse egoísta, ingerir licor, o deprimirse, pensando en lo que ya no existe. Navidad es para disfrutar en familia, soltar a los seres queridos que han partido, reflexionar sobre lo vivido, mostrarse amigo y disfrutar con ellos conversaciones intensas. Es un tiempo que debe aprovecharse para enriquecer su diálogo interno, para encontrarse consigo mismo, con Dios y con su destino. Debe ser el momento para restaurar relaciones lastimadas, pedir perdón y perdonar.

Es tiempo de verse a sí mismos y evaluar las áreas que debemos trabajar y crecer, sabiendo que es una decisión que debe vencer la emoción del ambiente y ser el inicio de un proceso en el que podamos ver a Dios trabajando en nuestras vidas.

Navidad es tiempo para reír y disfrutar la compañía de las personas que amamos.  Es elegir ser feliz en medio de la realidad que vivimos y dar gracias a Dios por todo lo que nos rodea. Es un momento para volver a levantarse, y comenzar de nuevo. Es un tiempo para fijarnos metas y replantear las no alcanzadas.

Navidad es tiempo de compartir con los demás, y demostrarles el amor de Cristo a través de nuestra amistad y compasión. Es dar de lo que tenemos y bendecir a otra familia, permitiéndoles creer en el amor práctico, que es el que Jesús nos enseña.

Navidad es la oportunidad para recordar la historia del nacimiento de Jesús, celebrar su amor por la humanidad, permitirle nacer en nuestros corazones y ser el centro de nuestro hogar.

Navidad es tiempo para dar buenos regalos, por lo que hay que recordar que el destino final de todo regalo es el corazón de la persona que amamos o estimamos. Es entonces, cuando sobra la envoltura, y por eso, los regalos más valiosos no pueden envolverse, pues su valor lo expresan, el abrazo, el beso y un “te amo”.

El regalo adquiere su valor a partir del afecto y del apoyo expresado, por lo tanto, no hay regalo, si no nos damos a nosotros mismos. El regalo está incompleto, si sólo tiene un valor económico, o es simplemente un compromiso. Por eso, valore más dar que recibir, viva en integridad, sea sincero, comparta su vida con un interés genuino y esté dispuesto a dar afecto.

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