A medida que mi amor por el ministerio ardía más fuerte, se iba enfriando mi pasión por Cristo.

Comencé a recolectar inconversos al cristianismo, como Michael Phelps colecciona medallas de oro. Mientras más hacía Dios, más entendía que me estaba llamando a entregarle mi vida entera en el ministerio vocacional a tiempo completo.

Por: Craig Groeschel

Y entonces, en el momento justo, Dios a los veintitrés años me abrió las puertas para que trabajara en una histórica iglesia del centro de la ciudad. Sin embargo, mi sueño hecho realidad se convirtió en una pesadilla espiritual. Todo lo que hiciera para servir no bastaba. Y a medida que mi amor por el ministerio ardía más fuerte, se iba enfriando mi pasión por Cristo.

Es que mi misión se había convertido en un empleo. En lugar de estudiar la palabra de Dios por devoción personal, la estudiaba por predicar. En vez de predicar para darle la gloria a Dios, predicaba para llenar la iglesia con más gente. Les prometía a los que sufrían que oraría por ellos, pero por lo generar lo olvidaba muy pronto.

A los veinticinco años era pastor a tiempo completo y un seguidor de Cristo solo de medio tiempo.

Tal vez acabas de darte cuenta de que en lugar de ser un seguidor de Cristo, sin querer te has convertido en una mamá, un estudiante o un empleado de banco a tiempo completo…, mientras que solo dispones de medio tiempo para seguir a Cristo.

¿Hubo algún momento en tu vida en el que te sentías más cerca de Dios que ahora? Si eres como yo, tu desvarío espiritual no es algo que ocurrió a propósito. Es más bien como si tuvieras un neumático pinchado. El aire va saliendo poco a poco y tu pasión espiritual se desinfla. Tal vez acabas de darte cuenta de que en lugar de ser un seguidor de Cristo, sin querer te has convertido en una mamá, un estudiante o un empleado de banco a tiempo completo…, mientras que solo dispones de medio tiempo para seguir a Cristo. O quizás, como le sucede a muchos, perteneces a una iglesia, pero sigues sintiendo una vergüenza secreta por tu pasado. O si tienes la plena convicción de que Dios existe, pero tu vida de oración no es lo que debiera ser. O tal vez quieres confiar en la providencia  de Dios, pero te cuesta mucho hacerlo.

¿Cómo le llamas a Dios? Tu respuesta puede darte una pista de lo bien que lo conoces. O de lo que te falta conocerlo.

Una relación vibrante e íntima con Dios te dará poder para sanar las heridas del pasado, perdonar lo que parece imperdonable y cambiar en ti mismo todo lo que parecería imposible de cambiar. Caminar con Dios romperá el poder del materialismo en tu vida y te llevará a una vida book on-screen.

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