El proceder diario es el único indicador de que nuestra manera de comportarnos es o no la correcta, es decir, la única forma que existe de saber si alguien se dirige correctamente, es observándolo en todos los roles de su diario vivir; porque a través de los actos, se expresa el inconsciente, que en público reprime lo que considera prohibido, pero en lo particular lo estigmatiza.

Por: Alexis Canahui

Un día muy de mañana, se despertó Adán, y se dirigió al huerto del edén. Estando allí y observando todos los árboles frondosos y frutales, recibió una serie de indicaciones y responsabilidades, las cuales parecían ser de lo más sencillo, puesto que iban desde ponerle nombre a los animales, hasta la de multiplicarse en la tierra; de la misma manera, Dios le dio una prohibición: “Puedes comer de todos los árboles del jardín; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que comas de el, ciertamente morirás.” (Génesis 2:16-17).

Desde niños buscamos el tomacorrientes para insertar los dedos cuando repetidas veces nos lo han prohibido.

Como todos sabemos, la astuta serpiente engañó a Eva, quien a su vez, fue y sedujo a Adán, y él siendo seducido y sabiendo lo prohibido, consciente de sus actos, fue y comió del fruto vedado por Dios.  Como puede verse, lo prohibido ha sido desde el principio, un imán que atrae a la naturaleza humana; nacemos con ese estigma en nuestros genes, desde niños buscamos el tomacorrientes para insertar los dedos cuando repetidas veces nos lo han prohibido.

Es por ello que nuestra naturaleza humana se inclina a lo malo, a lo incorrecto, lo vedado y pecaminoso, esto es algo a lo que todos estamos expuestos en algún momento de nuestras vidas, esto puede parecernos desorbitado, pero nacemos con ciertos patrones de conducta que son difíciles de modificar, “Porque lo que hago, no lo entiendo, pues no practico lo que quiero; al contrario, lo que aborrezco, eso hago.” (Romanos 7:15).

Por otro lado, y en cuestiones científicas, los estudios han comprobado que los factores genéticos, pueden incidir en un comportamiento criminal; otro estudio publicado en el National Geographic, encontró que la fuerza del fervor religioso de un individuo estaba determinada significativamente por la herencia, aunque la conversión o afiliación a una iglesia no lo estaba, donde quiera que miraban los científicos, encontraban la mano invisible de la influencia genética ayudando a moldear nuestras vidas.

Recuerdo por ejemplo, la impactante historia de dos hermanos gemelos que aclara de cierto modo, la idea de que nuestra conducta, temperamento y estilo de vida no sólo se rige por la cultura en la que crecemos.  Ambos se llamaban Jim, nacidos en Piqua, Ohio, en 1939, Jim Springer y Jim Lewis, fueron dados en adopción cuando eran bebés y criados por distintas parejas, a las que se les ocurrió ponerles el mismo nombre de pila.

Tenían la misma sonrisa torcida, sus voces eran indistinguibles y ambos admitieron dejar notitas de cariño por la casa para sus esposas.

Cuando Jim Springer, se reencontró con su hermano a los 39 años en 1979, dejaron al descubierto otras similitudes y coincidencias: Ambos hombres medían 1.80 metros y pesaban 82 kilogramos cada uno.  Mientras crecían, los dos tuvieron perros llamados Toy y pasaron vacaciones familiares en St. Pete Beach, Florida. De jóvenes se casaron con mujeres que se llamaban linda y luego se divorciaron de ellas. Sus segundas esposas se llamaban Betty. Nombraron a sus hijos James Alan. Ambos trabajaban como comisarios de medio tiempo, disfrutaban de proyectos de carpintería doméstica, fumaban cigarrillos Salem y bebían cerveza Miller Lite. Tenían la misma sonrisa torcida, sus voces eran indistinguibles y ambos admitieron dejar notitas de cariño por la casa para sus esposas.

Popularmente se cree que el carácter se desarolla por la crianza e influencia de los padres, y que los hábitos y costumbres, se determinan por el ambiente y la enseñanza que reciban en casa; de esta cuenta, se han vuelto comerciales los programas para combatir el comportamiento antisocial en los niños en edad escolar, los hallazgos, realizados por investigadores de la Universidad de Otago en Dunedin, Nueva Zelanda, muestran que a los tres años de edad, es posible predecir la clase de adulto que él o ella llegará a ser.

Esto indica que los programas destinados a corregir el comportamiento díscolo de menores tienen que comenzar con los preescolares, los niños pequeños no controlados y que se muestran rebeldes son mucho más propensos a tener problemas antisociales y terminan en problemas con la ley. Niños tímidos terminan siendo adultos tímidos, a esta cuenta los padres tienen una enorme responsabilidad con sus hijos, la cual inicia desde la concepción.  “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.” (Proverbios 22.6).

No podemos negar lo que está comprobado, de la misma manera que no puedo evadir mis convicciones, de que hay un poder mayor, que marca un propósito, para cada ser humano; que si bien es cierto nacemos con una marca de perfidia hacia Dios, también tenemos un don de decisión, desde las cosas más sencillas como hablar de tú o de usted, decirle al mesero: Mesero o señor, dar la mano o saludar de beso, ser groseros o amables, soberbios o humildes, honestos o corruptos, pederasta o bienhechores, asesinos o evangelistas; cuando enfrentamos nuestras debilidades y las sometemos a la voluntad de Dios, Él nos trasforma, “A cada uno le parece correcto su proceder, pero Dios juzga los motivos.” (Proverbios 16:2).

Publicado por primera vez: 27 abril de 2012

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