Incluso alguien como yo que crecí en una casa en el que la intencionalidad era altamente apreciada, no siempre comprendí cómo ser intencional desde el inicio.

Por: John C. Maxwell

Mis padres fueron altamente intencionales con mi hermano mayor Larry, mi hermana menor Trish y yo. Como querían conocer a nuestros amigos y supervisarnos a medida que desarrolláramos nuestras relaciones con ellos, se aseguraban de que tuviéramos todo lo que otros niños podrían querer en nuestra casa: juguetes, una mesa de ping-pong, un juego de química y una mesa de billar. Como resultado, todos los muchachos de la cuadra se reunían allí y mi madre gentilmente nos guiaba a qué relaciones eran positivas y cuáles eran negativas.

A pesar del alto grado de intencionalidad de mis padres, no lo entendía de niño. No abracé vivir intencionalmente. Quizá dentro de mí tenía mucha energía para jugar. Principalmente, me quería divertir. Entonces cuando ya fui adulto pensé que el trabajo duro era la clave para el éxito. Creía que entre más duro uno trabajara, más exitoso sería.

¿Qué fue lo que me cambió? ¿Cómo reconocí finalmente que vivir intencionalmente era la clave para una vida relevante, y que era el puente entre el éxito y la trascendencia? Cuando estaba a la mitad de mis veintes conocí a un hombre llamado Curt Kampmeier.

Curt estaba relacionado con el Success Motivation Institute (Instituto de Motivación de Éxito) de Waco, Texas. Como lo había escuchado hablar acerca de los principios para el éxito y realmente me gustaba lo que tenía que decir, le había escrito una nota pidiéndole que se encontrara conmigo la siguiente ocasión en que viniera a la ciudad. Para mi gran sorpresa dijo que sí. Así que nos encontramos para desayunar.

Mientras estaba desayunando, Curt me preguntó si tenía un plan de crecimiento para mi vida. Era una pregunta que nadie me había hecho. No solamente no tenía uno, ni siquiera sabía que se suponía que debería tener uno. Estaba tan avergonzado por la pregunta que traté de aparentar con mi respuesta. Comencé a decirle acerca de todas las cosas que estaba haciendo en mi trabajo y todas las horas que estaba invirtiendo. Pero me descubrió.

“Si vas a crecer —me dijo—, tienes que ser intencional”.

Esa declaración de Curt me golpeó como un puñetazo en el rostro. Curt me dijo que él tenía un plan detallado para el crecimiento: un paquete con material sobre metas y actitud e iniciativa y responsabilidad. Sabía instintivamente que esas cosas podrían ayudarme. Cuando le pregunté cómo lo podría obtener, me dijo que lo podía comprar por 695 dólares. ¡Eso era lo equivalente de un mes de salario para mí!

Regresé a casa después del desayuno buscando alternativas. Comencé preguntándole a amigos y colegas si tenían un plan de crecimiento. No. Ninguno de mis amigos era intencional con respecto a volverse mejor en lo que hacían. Solamente esperaban que sucediera por sí solo como yo lo había hecho. Eso suena como buenas intenciones, ¿no es cierto?

Extraído del libro: Vivir intencionalmente

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