Creo que, en su afán de tener grandes ministerios, muchos predicadores le han dado a la gente una falsa impresión de lo que Dios está buscando en aquellos a quienes llama a servirle.

Demasiado a menudo en el ministerio nos mostramos al mundo como obreros para Dios en lugar de amantes de Dios. En realidad, la única razón por la que trabajamos para Dios es porque primero somos amantes de Dios. Dios quiere amantes, no simples obreros.

Por: Mark Casto 

Los amantes siempre superarán a los obreros. Un obrero lo hace por un salario. A un amante lo motiva la relación. Un obrero termina a las cinco de la tarde. Un amante trabajará hasta que el trabajo se termine, con la esperanza de agradar al objeto de su afecto. Un obrero trabaja duro por una promoción. Un amante trabaja duro para captar la atención de aquel para quien trabaja.

Este es el secreto de los que han hecho cosas poderosas para Dios. No fueron simplemente obreros. Su amor por Dios los motivó a correr riesgos y ser obedientes a cada mandato del Señor. Moisés fue un amante de Dios. De no haber sido por su encuentro radical y personal con el Señor mediante una zarza ardiente, los relatos de la historia serían muy diferentes.

Incluso después de que Moisés había pasado muchos años como el gran líder y profeta de la nación de Israel, no trabajaba para Dios simplemente porque tuviera una posición de liderazgo. Su trabajo estaba motivado por el amor que sentía por la presencia de Dios. Incluso cuando Dios se enojó con los hijos de Israel y estuvo a punto de dejar que Moisés los llevara a la Tierra Prometida sin su presencia, Moisés dijo: “Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí”xodo 33:15).

Moisés no estaba interesado simplemente en cumplir con la tarea. Moisés quería asegurarse de que su relación personal con Dios no tuviera estorbos. En esencia lo que Moisés está diciendo era:

“Yo no soy tu empleado. Yo tengo una relación contigo. La tierra Prometida no es mi meta. Mi pasión es estar donde tú estés, Dios”. Esa debería de ser nuestra búsqueda. “Dondequiera que tú estés, Dios, ahí es donde yo quiero estar”.

Dios le dio a Moisés la oportunidad de heredar la Tierra Prometida, sin embargo Moisés dijo que no iría a menos que Dios fuera con él. Él prefería la presencia de Dios a la promesa de Dios.

Extracto del libro: “Cuando los marginados se convierten en reyes”
Autor: Mark Casto

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