6 − dos =



dos × 7 =


El enemigo puede lanzar todas las flechas, lanzas y dardos de fuego que quiera, haciéndonos sentir el golpe, pero sin causarnos dolor ni lesionarnos, ya que estamos protegidos tras un muro de escudos y fundamentados en la fe del ejército de Dios.

El calzado del soldado era importante. Ese calzado eran en realidad sandalias de cuero con correas que se envolvían alrededor de las pantorrillas hasta las rodillas, permitía a los soldados caminar veinticinco kilómetros al día sin que les salieran ampollas o se desarrollaran hongos.

Por: Perry Stone / Evangelista y dirigente de Voice of Evangelism

En cada sandalia se colocó una tira de metal para proporcionar estabilidad. Bajo ambas sandalias había tachones metálicos de dos tamaños, algunos pequeños y otros más grandes, dependiendo del terreno donde  se estuviera librando la batalla. Parte de la armadura también incluía blindajes de metal que se unían a la parte delantera de los tobillos y las rodillas. Los creyentes debemos estar preparados para llevar “el evangelio de la paz” (Efesios 6:15) a todas las personas en cualquier circunstancia sin ser derribados por la oposición que podamos encontrar.

Pablo amonestó: “Sobre todo, tomad el escudo de la fe” (v.16). Sobre todo quiere decir: “por encima de todo, tomad el escudo de la fe”. El escudo más grande era usado en los conflictos y batallas cuerpo a cuerpo. La palabra para escudo es dsureós y se refiere a un gran escudo con la forma de una puerta oblonga, de aproximadamente cuatro y medio pies. Estos escudos grandes son los que vemos en las películas de la época romana. El constante empuje con el escudo y la espada podía llegar a desorientar al enemigo. Cuando Cristo fue tentado durante cuarenta días por Satanás en el desierto de Judea, citó tres pasajes del libro de Deuteronomio para contrarrestar las tres afiladas flechas de Satanás (Mateo 4:1-10).

Los grandes escudos individuales de estos soldados podían unirse lado a lado cuando los soldados estaban hombro con hombro, formando un muro protector en la batalla. También eran utilizados para cubrir las cabezas de los soldados, formando una cubierta similar a un caparazón de tortuga. Así como los soldados se unían para dar batalla, los creyentes no debemos luchar solos, sino unir nuestra fe con la de otros: ¡Cuantos más escudos hay en la batalla, más fe se libera para traer la victoria! Del mismo modo, los cristianos pueden juntar sus escudos de fe cuando enfrentan problemas sociales que son contrarios a la Biblia. Un cristiano solitario con su único escudo tiene menos protección contra un ataque de flechas que si se une con otros cristianos y junta su escudo con los escudos de fe de ellos. El enemigo puede lanzar todas las flechas, lanzas y dardos de fuego que quiera, haciéndonos sentir el golpe, pero sin causarnos dolor ni lesionarnos, ya que estamos protegidos tras un muro de escudos y fundamentados en la fe del ejército de Dios.

Extraído del libro: Una grieta en la armadura de Dios
Por: Perry Stone
Editorial: Casa Creación.

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