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En el año 2009 Tommy Moya confesó ante la congregación de la Iglesia Centro Cristiano Restauración (iglesia la cual dirigía en ese momento) ubicada en Orlando FL. que había faltado a su esposa, Dios y la congregación, cometiendo el pecado de adulterio. Hoy en día Tommy Moya se muestra como un hombre totalmente renovado y transformado por Dios y nos cuenta lo que sucedió durante ese proceso y los nuevos proyectos que presenta actualmente.

¿Cómo desarrollaban su ministerio, como era su vida cuándo dirigían una iglesia?
Iniciamos el ministerio cuando apenas teníamos 27 años, y con solo 16 personas. Esas 16 personas se convirtieron en una congregación de 3,000 miembros, desde entonces Dios la catapultó a ser un ministerio de alcance internacional a través de los medios de comunicación. Después de ello nuestro ministerio dejó de ser local, convirtiéndose en un ministerio de alcance internacional lo cual representaba una mayor actividad que nos dejaba mucho más ocupados de lo que jamás nos hubiésemos podido imaginar. Dios utilizó el ministerio para bendecir  muchas vidas, pero durante ese proceso no supe cómo manejar las demandas de tiempo, de la familia y de todo lo que implica el manejar una mega congregación junto con un ministerio de alcance internacional.

¿Cómo debería un pastor manejar su tiempo, agenda y compromisos?
Es un asunto de prioridades, saber que es primero e importante y no que es urgente.  Hay muchas cosas que son urgentes, pero que no necesariamente son importantes, por lo tanto es identificar cual es la prioridad que requiere un mayor y mejor tiempo. Primero debe estar la familia porque de ahí mana el verdadero ministerio,  segundo tu vida personal y tercero poder “agendar” en tu ministerio de tal forma que haya delegación, equipamiento y preparación para que otros puedan hacer bien el trabajo. Mi problema no necesariamente fue delegación, se delegar, conozco como es la dinámica  de la delegación, lo que no pude manejar fue la demanda y exigencia de tiempo y de como ese tiempo en muchas ocasiones te encarcela, manteniéndote en un torbellino de actividades que cuando te das cuenta no sabes cómo salir de ellas, y es ahí donde viene el desgaste, cansancio y la vulnerabilidad para atravesar un sin número de situaciones.

¿En qué momento un pastor debe dar un alto y dedicarse a su familia?
En ese momento las señales van a estar allí, la pregunta es si uno está dispuesto a reconocerlas, o como menciono en mi libro; cuando tú te conviertes en tu propio abogado siempre vas a abogar a favor tuyo. Cuando se pierde el tiempo familiar y personal comienzas a entrar en un torbellino de cosas que te van desgastando, a tal punto de darte cuenta que estas tan sumergido en las cosas que tienes que hacer para otros que te olvidas de las cosas más importantes. Tu cuerpo, tu familia y la gente te las van a manifestar, pero si tu no permites que  nadie hable a tu vida y que alguien te corrija no sabrás en qué momento debes parar. Esa es la genialidad del cuerpo de Cristo, el cuerpo está  diseñado  para sanar y para protegerse.

¿Cómo le llamas a lo que te sucedió y como lo utilizas ahora para el ministerio?
Yo lo llamo como la Biblia lo llama, un pecado. Fue el pecado del adulterio, una obra de la carne que en medio de ese proceso lastimé a mi esposa a mis hijas, al cuerpo de Cristo y le fallé a Dios. Así que hay que llamarlo por lo que es, esconderlo o darle otro nombre es una escusa más de querer esconderme y no asumir la responsabilidad de lo que había hecho. Por lo tanto cinco años atrás salí pública y voluntariamente confesando mi pecado a la misma gente que ame. Por eso hay que llamarlo como la biblia lo llama, no tiene otro nombre.

¿Qué reacción tuvo la gente en ese momento para contigo?
La gente se  mostró muy desilusionada y lastimada, otros inmediatamente me mostraron amor, gracia y restauración, pero a otros les ha tomado más tiempo. Eso es normal, eso no se puede cambiar, porque el líder falló y la gente te da la oportunidad de ser su líder y eso hay que respetarlo, la gente no tiene que sentirse mal porque se sintió molesta o lastimada en ese momento. Lo que hay que entender es que es un proceso para el que fallo y un proceso para los lastimados. Si no hay un verdadero arrepentimiento en el líder que cae y lo que hay es una escusa, entonces lo que está buscando es regresar al ministerio para seguir haciendo lo quiera. Pero si lo que quiere es sanar su casa primero, sus hijos segundos y el cuerpo de Cristo, tienen que pasar por el proceso y entender que hay gente que le recibirá y hay gente que no, pero realmente aunque amemos a la gente a quien nos debemos es al Señor.

¿Qué sucedió en ese momento con los líderes y pastores que eran tus amigos?
Algunos se alejaron para no relacionarse, más otros se mantuvieron cerca. Gracias a Dios las invitaciones continúan, el ministerio ya hace tres años que fue restaurado, fue un largo proceso de 5 años. El hombre que soy hoy, no es el mismo hombre de cinco años atrás, un hombre quebrantado caído, desmoralizado, avergonzado y con culpa. El Señor sano todo eso y la gente me ha ayudado a sanar. Tengo amigos que han estado durante ese proceso, otros no lo estuvieron, pero lo importante es que cada cual asuma su responsabilidad, en este caso soy yo el que tiene que asumirla.

¿Qué fue lo más duro que pudiste perder en ese proceso?
Lo más duro fue fallarle al Señor y a la gente, definitivamente es una herida que Dios tiene que sanar para tu poder continuar, porque ese no era ni mi estilo de de vida ni mí debilidad y mi esposa es testigo de ello. Fallarle a Dios y a la gente es algo terrible y eso también el Señor se encargo de sanarlo. 

¿A qué crees que se debe que algunos pastores que han cometido un pecado como este no lo enfrenten y lo saquen a la luz?Primero porque es muy complejo. Segundo no toda situación tiene que salir al público, yo asumí responsabilidad y lo traje al público para vivir con la conciencia tranquila de que nadie puede acusarme, la gente podrá decir lo que Tommy Moya pasó, pero nadie podrá decir que no lo enfrenté. Por lo tanto, yo soy un hombre libre, no tengo fantasmas que me persiguen ni temor al que me descubran. Yo lo traje a la luz pública para matar el pecado a través de la confesión.

Porque muchos no lo dicen, cada cual tendrá su razón lo que puedo decir es que si no se dice por mantener el acto pecaminoso tarde o temprano saldrá a la luz. Pero si no lo dices porque hay un proceso de restauración que se está dando, es discreción, así que no hay una forma equivocada o correcta, solo debemos ser sabios.

¿Qué es lo que más agradeces de la forma en la que se dio tu proceso de restauración?

Los hombres que caminaron conmigo, la gente que se acercó y dijo que por causa del propósito seria recuperado se mantuvieron conmigo y con mi esposa y hoy por hoy estamos disfrutando del fruto que otros creyeron cuando yo mismo no tenía capacidad de creer que me podía levantar.

¿Qué había en tu mente y corazón en esos momentos?
Fue el peor momento de mi vida, como lo digo en el libro. Es una experiencia que no se la deseo absolutamente a nadie. Me sentí abandonado, no porque me hubiesen dejado solo, sino porque el pecado te hace correr de Dios. Es una gama de emociones que te traicionan, en un minuto estás bien y en otro estás en el piso y eso es parte del proceso, eso se supera, pero las primeras etapas son extremadamente complejas.

¿Cuál es el camino que una persona debe tomar al estar atravesando una situación como esta?
Ponerse de acuerdo con Dios, qué es lo que eso significa; que la persona que está pecando no es su identidad, el ser un pecador. Cristo ha cambiando nuestra vida, la biblia le llama obra de la carne, por lo tanto no somos pecadores que pecan, somos santos que hemos pecado. Entender primero que tu pecado no define tu identidad, tú no eres lo que haces sino lo que Dios dice que eres. Por lo tanto ponte de acuerdo con Dios, eso es la confesión, confesión no es decir mañana cambio y después vuelves a lo mismo, confesión es decir; esta no es mi naturaleza porque yo soy un portador de la naturaleza de Cristo, si este no soy yo Dios está correcto de quien soy. Dios dice que eres una nueva criatura que eres un hijo de Dios y que el pecado que estas cometiendo es una obra de la carne y hay que crucificarla, eso no se reprende, se crucifica para que la obra de la cruz pueda tener su efecto.

¿Cómo se encuentra actualmente tu ministerio, cuál es tu visión y como ocupas tu tiempo ahora?
Mi ministerio está restaurado en su totalidad, estamos ministrando y edificando la iglesia a través del mensaje de la palabra, reino, gracia, nuevo pacto, afirmando a la gente en su identidad en Cristo. Ayudándoles a poder manejar las dificultades que puedan estar enfrentando de una experiencia vivida, pero más que todo de la experiencia desde una plataforma fundamentada en la verdad de Dios. Estamos felices con los que Dios ha hecho y con todo lo que ha sucedido en nuestra vida y ministerio.

¿Crees que una persona que cae puede volver a la posición donde estaba antes?
En mi libro propongo que no debemos quedarnos en el piso porque nuestro llamado es un acto soberano de Dios, Él es el que te llama y te vuelve a restaurar donde el quiera, por lo tanto yo no me restauré porque quería volver donde estaba, yo me restauré porque tengo derecho a restaurarme donde Dios quiera llevarme,  es el soberano deseo de Dios, entonces no es una garantía.

¿Cuál es el mensaje central del libro y a quienes está dirigido?
El libro está dirigido primero a los que han caído por fuera con una obra de la carne. Segundo a los que han caído por dentro; la gente que lucha con situaciones internas que nadie conoce pero que necesitan ser ayudados. Tercero a los matrimonios que han sido lastimados por el pecado de infidelidad. Cuarto a los hijos que han visto a uno de sus héroes caer. Quinto a los caminan con la gente que necesitan restauración, porque si tú no has  pasado por ahí y estas tratando de ayudar a quien ya ha estado ahí, como nunca lo has pasado  no sabes lo que esa persona  está viviendo. El líder te dará claves de lo que esa persona está pasando porque no se describe desde una teoría se escribe una experiencia vivida y un fundamento bíblico. 

El libro está dedicado a la iglesia del Señor que continuamente está enfrentando distintas situaciones, la encubrimos con religiosidad y espiritualidad falsa, pero es hora de quitarse la máscara y poder mirarnos frente a frente con la cara descubierta y ser transformado por la Gloria del Señor.

Por lo tanto el libro está escrito para todos los humanos que en algún momento u otro necesita saber que cuando uno cae no es la sentencia final.

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