¡Qué venga Marduk!

Qué semana! Lo que empezó con una petición de firmas a través de la plataforma Change.org (que ha recaudado de momento 63,507 firmas) terminó hoy con un punto resolutivo en el Congreso de la República de Guatemala para que se acordara solicitar al Ejecutivo (a través de la Dirección General de Migración, dependencia del Ministerio de Gobernación) que no se permitiera la entrada a Guatemala de ninguna persona relacionada con la banda de black metal Marduk y por ende, se cancele el concierto que tienen programado dar en Guatemala este próximo 11 de octubre.

En un acto del más burdo populismo de corte conservador y aprovechándose del momento político que generó la gran marcha en favor de la vida y la familia, nuestro Congreso hoy aprobó con 86/100 votos pasar este punto resolutivo.  Queda ahora en manos de las autoridades del Organismo Ejecutivo tomar la decisión de ejecutar o no lo recomendado.

Como cristiano evangélico entiendo las razones y los impulsos que genera la posibilidad de que una banda del género musical de Marduk se presente en el país.  Guatemala no solo es una sociedad “conservadora” sino sumamente supersticiosa.  En nuestro evangelicalismo, no hemos -lamentablemente- abandonado mucho de eso.  Seguimos invocando la Sangre de Cristo como si fuese un amuleto para protegernos de que no nos asalten en la calle…atentando a través de esta práctica de “brujería evangélica” contra el mismo Evangelio que nos recuerda que la preciosa Sangre de nuestro Señor Jesucristo fue derramada para el perdón de nuestros pecados.  Heredamos del neo-pentecostalismo norteamericano una enfermiza obsesión con la “guerra espiritual” que, aunada a la historia y bagaje cultural que traemos de siglos atrás, se convierten en la tormenta perfecta para no solo ver demonios por todos lados, sino peor aún, para dejar de confiar en la suficiencia del sacrificio de Jesús en la Cruz y Su victoria final sobre el pecado, el diablo y la muerte allí, confirmada por Su resurrección y de la que aguardamos su consumación final en el día que Él regrese.

Dado este contexto, la reacción negativa y hepática era de esperarse y es comprensible.  Sin embargo, en esta ocasión, un influyente sector de la Iglesia en Guatemala decidió no recurrir a “…las armas de nuestra milicia… poderosas en Dios para derribar fortalezas…” para poder así “derribar todos los argumentos que se levantan en contra del conocimiento de Dios…” (2 Corintios 10:4-5).  Pareciera habérseles olvidado la armadura que tenemos de parte de Dios (Efesios 6) y que el diablo es un enemigo vencido (Colosenses 2:13-15).  En cambio, recurrieron a armas carnales, influyendo sobre diputados para qué ellos, en su afán por consolidar un cada vez más vago “voto cristiano” o al menos “voto conservador”, capitalizaran sobre el miedo, el analfabetismo teológico y la efervescencia de la histeria colectiva y propusieran evitar que este concierto de se de.

El problema de acciones como esta está en sus externalidades negativas.  Si algo sabemos de la historia es que la política es de momentos.  Quien está en el poder, quien tiene la mayoría, quien capitaliza sobre la errónea, pero popular idea de que “Vox Populi, Vox Deitoma las decisiones.  ¿Qué va a pasar cuando el Congreso no tenga la mayoría y sean los sectores antagónicos a nuestro conservadurismo y “cristianismo cultural” tengan el poder? ¿Qué pasará cuando una banda cristiana de música con ritmos hebreos quiera hacer un concierto en favor de la familia tradicional o algún otro ideal de este tipo? Existirá todo el precedente legal para que se les prohiba la entrada a ellos.  Hoy, nuestros diputados, con tal de congraciarse con un sector de la población, pusieron en un inmenso riesgo las libertades de todo guatemalteco: la libertad de expresión, de emisión del pensamiento, de consciencia, de culto y de religión.

¿Qué precedente se sienta cuando desde el Congreso se busca prohibir una actividad privada, pagada y dirigida a un pequeño grupo de personas que libremente elige irSe está utilizando el poder coercitivo del gobierno para obligar a los pocos a conformarse a los muchos.  Esto, por definición, es tiranía, la tiranía de la mayoría.

La Iglesia en Guatemala está llamada, en un acto de amor cristiano genuino, a defender la libertad de cada persona, aún la de sus enemigos.  La Iglesia está llamada a obedecer el llamado de Jesús de ir y predicar el Evangelio, la Iglesia está llamada a “tener por sumo gozo cuando se encuentre en diversas pruebas” (Santiago 1) y salir a amar a sus enemigos¿Por qué? Porque nosotros, siendo enemigos de Dios (Romanos 5:10-12), fuimos reconciliados con Dios, no por decretos legales, puntos resolutivos o prohibiciones migratorias, sino por la Sangre derramada en la Cruz en favor de nosotros, Sus enemigos (Colosenses 1).

¿Cómo concretizamos esto? En este caso, aunque no aprobemos el estilo de música o las letras de las canciones de Marduk, defendemos, por amor a quienes aún no conocen a Jesús y en respeto a nuestras leyes, la libertad que tienen las personas en Guatemala de traer esta banda y organizar un concierto.  En la defensa de su libertad descansa la nuestra.  Por el bien de Guatemala, es el camino más sensato para todos.

Oremos por Marduk, oremos por sus fans, confiemos en Dios, defendamos la libertad y sobre todo, prediquemos el Evangelio.

No olvidemos que Castillo Fuerte es nuestro Dios


Por: Juan F. Callejas 

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