Organismos internacionales deben hacer de la ‘protección de las minorías religiosas perseguidas’ una prioridad política

La persecución religiosa en todo el mundo está en aumento, perpetrada tanto por estados como por actores no estatales. Las atrocidades, como los asesinatos en masa, el abuso físico, la violación y la violencia sexual, los secuestros y las extorsiones, se cometen contra personas de fe porque expresan sus creencias religiosas, manifiestan sus creencias religiosas en público o simplemente porque pertenecen a un grupo religioso o se identifican con él.

Algunos de los ejemplos recientes más patentes de persecución religiosa son las atrocidades masivas cometidas por el Dáesh, uno de los grupos terroristas más violentos del mundo. El Dáesh se hizo especialmente notorio por sus métodos de asesinatos que incluían quemar a personas vivas en jaulas, decapitarlas o arrojarlas desde edificios altos para castigar a cualquiera que se opusiera a su gobierno.

Sin embargo, el Dáesh se hizo aún más tristemente célebre por sus barbaridades genocidas perpetradas contra minorías religiosas en Irak y Siria, y específicamente contra las minorías yazidíes y cristianas. Estas atrocidades difieren de las cometidas contra la población general de Irak y Siria. La principal diferencia es que, en su intento de establecer un estado puramente islámico, el Dáesh apuntaba a la erradicación de estos grupos minoritarios.

Se debe ayudar más a las personas perseguidas por su fe. Para garantizar el futuro de las minorías religiosas, especialmente después de los conflictos, es crucial que se establezcan y apliquen mecanismos legales adecuados que les permitan permanecer en sus regiones y vivir de acuerdo con sus creencias religiosas:

• Asegurar que las disposiciones de derechos humanos consagradas en las constituciones, ya sean generales o específicas para grupos minoritarios, cumplan con las normas internacionales es crucial para la supervivencia de las minorías en los países donde potencialmente se enfrentan a la aniquilación.

• Pero también es necesario que esos derechos se hagan cumplir adecuadamente.

El año pasado, junto con Aid to the Church in Need (ACN) (https://acnuk.org), propuse que esta tarea podría verse facilitada por el establecimiento de un nuevo Enviado Especial sobre la Libertad de Religión o de Creencias o un Enviado Especial sobre Cuestiones de las Minorías iraquí. El mandato podría seguir el modelo de la oficina del Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la Libertad de Religión o de Creencias o el Relator Especial de las Naciones Unidas sobre Cuestiones de las Minorías, aunque con un enfoque geográfico mucho más reducido, limitado a Irak. El Enviado Especial podría preparar informes anuales sobre la situación de los cristianos (y otras minorías religiosas) en Irak, la aplicación de mecanismos de protección y seguridad, y los progresos realizados para garantizar la plena integración de los cristianos iraquíes en la sociedad.

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