× dos = 4



6 − cinco =


En mi opinión uno de los grandes privilegios que tenemos como hijos  de Dios es penetrar, tocar o alcanzar esa esfera en donde Dios… llama a las cosas que no son como si fueran.

También, debemos dejar claramente establecido, que esta práctica puede obrar en contra nuestra cuando llamamos las cosas que no son la voluntad de Dios, sino de nuestro adversario, el diablo. De hecho el mundo parece adicto a llamar el desastre.

Por: Joyce Meyer

Un claro ejemplo es cuando una persona estornuda y dice: «Probablemente voy a coger ese resfriado que anda por ahí». O un individuo escucha el rumor de que la compañía para la cual trabaja va a despedir algunos empleados y dice: «Con seguridad perderé mi empleo. Esa es la historia de mi vida. Cuando las cosas comienzan a mejorar, siempre ocurre algo».

Estas personas también están tocando el mundo espiritual (el mundo invisible) y llamando las cosas que todavía no son, como si ya fueran. Temen lo que aún no ha ocurrido, y con su fe negativa están expresando las palabras que moldearán su futuro.

Le recomiendo hacer una lista de confesiones o declaraciones, expresiones que puedan ser sustentadas  con la Palabra de Dios, que pueda pronunciar en voz alta, y que se relacionen con su vida, su familia y su futuro.

Cuando comencé a aprender los principios que comparto con usted, yo era terriblemente negativa. Era una cristiana muy activa en el trabajo de la iglesia. Mi esposo y yo diezmábamos y asistíamos regularmente, pero no sabíamos qué podíamos hacer en relación con nuestras circunstancias.

Dios… llama las cosas que no son como si fueran (Romanos 4:17, RVR’95)

El Señor comenzó a enseñarme que yo no debía pensar ni decir cosas negativas. Sentí que Dios me decía que Él no podría obrar en mi vida hasta que dejara de ser negativa. Le obedecí y como resultado fui más feliz. Es que una persona negativa no puede ser feliz.

Después de cierto período de tiempo, sentí que mis circunstancias no eran realmente diferentes. Ore al Señor  al respecto y Él me dijo: «Tú dejaste de ser negativa, pero no estás diciendo nada positivo». Esa fue mi primera lección en cuanto a llamar las cosas que no son, como si fueran. Como nadie me había enseñado esto, Dios mismo lo estaba haciendo, y resultó ser uno de los mayores descubrimientos de mii vida.

Hice una lista de asuntos que había aprendido, y que ya eran legalmente míos, según la palabra de Dios. Tenía porciones bíblicas para sustentarlas. Durante aproximadamente seis meses, dos veces al día, confesé o proclamé estas verdades en voz alta. Lo hice en mi casa y sin hablarle a ningún ser humano, porque sencillamente estaba proclamando la Palabra de Dios.

¿Podemos confesar o declarar cosas para las cuales no tenemos versículo bíblico?

Sí. Yo creo en que sí, en la medida en que razonablemente y con seguridad

proclamemos la voluntad de Dios para nuestras vidas, y no solamente algo que deseamos.

Autor: Joyce Meyer
Extracto del libro: ¡Esta boca mía!
Editorial: Casa Creación

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