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El video en YouTube que transformó la vida de Briana Babineaux se filmó cuando ella se encontraba en su punto más bajo.

En enero del 2015, acababa de liberarse de una relación que la dejó totalmente destrozada. “Me enamoré de mi peor pesadilla”.

Por: Jon Caramanica

“Me metía en mi recámara, apagaba todas las luces y decía: ‘Dios, ¿por qué está pasando esto? ¿Por qué a mí?”.

En ese video de YouTube, Babineaux, levanta la mano derecha hacia el cielo y canta, con brío y potencia: “Necesito un nuevo comienzo; Seńor, no quiero ser igual”, improvisando al tono de “Make Me Over”, una súplica de Tonéx, el cantante de góspel.

Quince meses y 1.5 millones de vistas después, estaba aquí, en el Centro Cristiano de Todas las Naciones, preparándose para encabezar un concierto de talento góspel en ascenso y la lista de éxitos de Billboard con su álbum de debut, “Keys to My Heart”. “Dios ya me estaba preparando algo diferente, algo que me maravillara”, dijo, “y me ha estado maravillando desde entonces”.

La necesidad de la viralidad se ha convertido en una realidad en la música pop, pero en el góspel, un sector que se mueve en forma extremadamente deliberada, con ventas de una lentitud pasmosa, ha prosperado despacio en los medios sociales. Sin embargo, el éxito de Babineaux, de 21 años, quien graba como Bri, podría ser un signo temprano de un cambio que se avecina. En casi todos los géneros, internet y los medios sociales han acuñado estrellas a las que finalmente abrazó la corriente dominante. Ahora, por fin, es el turno del góspel para ponerse al día.

Marquis Boone, un pastor de Atlanta y ejecutivo de música en ciernes, vio el video de Babineaux, se convirtió en su representante y la integró a su sello discográfico.

Ahora, el propio Boone está presidiendo un pequeño imperio de joven talento del góspel, incluidos Babineaux, Gavin, C West y también Casey J, la estrella más establecida del grupo, quien, en febrero, ganó el premio Stellar –el equivalente al Grammy en el góspel–.

De varias formas, el enfoque de Boone es una alteración de las prácticas familiares en la música góspel, que van más allá de que haya abrazado al internet como una herramienta de descubrimiento y retransmisión. En el sector del góspel, todos están conectados. Por lo general, a la gente la presenta alguien que ya es famoso, notó Hasan Jones, el editor en jefe de Root, una revista orientada a los fans del góspel más jóvenes, con visión de futuro.

La música sacra y la seglar se han traslapado de tiempo atrás; muchos músicos se han movido en ambos mundos. Algunos, han encontrado el éxito en ambos, al mismo tiempo. Sin embargo, para algunos, la combinación de esos mundos es una provocación; por ejemplo, la reciente controversia en torno a la colaboración de Kirk Franklin con Kanye West.

Y Boone entiende eso. En la cubierta de “Keys to My Heart”, Babineaux está vestida con un atuendo inspirado en Janelle Monáe. “Lo hice intencionalmente para generar conversación”, dijo

El álbum estuvo dos semanas en los primeros lugares de las listas de éxitos de los álbumes de góspel y, a la fecha, se han vendido 10,000 copias, una cantidad modesta, pero una que está a la par de otros álbumes de góspel exitosos.

“En el mundo seglar, primero prueban un sencillo, pero ni siquiera los grandes del góspel hacen eso”, dijo Boone. “Así es que tomamos 2,500 dólares, hicimos un sencillo de Casey, no sabíamos qué iba a pasar después. Seis meses después, era la número uno”.

Para distribuir el debut de Casey J, Boone evitó los principales sellos discográficos de góspel para irse con Tyscot, uno independiente en Indianápolis, con una historia de cuatro décadas y una lista conservadora: “Pensé: ‘¿En cuál podría brillar más?’”. También se asoció con Tyscot para el álbum de Babineaux, pero todavía tiene que firmar un contrato de distribución de largo plazo para el conjunto de su sello discográfico.

“Me llaman de ambos mundos”, comentó. “Si Cristo estuviera aquí, estaría ministrando a todos”. Boone también lamenta que sea frecuente que a las estrellas del góspel se las mida con estándares más altos en términos de su comportamiento. “A Cristo no le interesaba la perfección, le interesaba la gente que tenía fallas”, dijo. “Yo les digo a mis artistas que es su historia la que vende la música”.

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