Haz que perdure tu relación

El matrimonio es un recipiente en el cual cada integrante de la familia dispone unos ingredientes. En este artículo los ingredientes que pondremos los denominaremos fe y esperanza. En estos resumimos características como la paciencia, la perseverancia, la confianza en Dios y la firmeza. Todos estos valores son un propósito de Dios para las relaciones.

Recordemos que es el amor verdadero de Jesús hacia nosotros el que nos acerca a Él y nos permite dar un cambio a nuestras vidas y nuestro entorno, mediante su sacrificio en la cruz. Por tal motivo estos ingredientes sin Dios no tienen razón de ser.

Sobre nuestra relación matrimonial recae un ingrediente adicional que se llama expectativa. Aquí ponemos nuestros más altos deseos y por ende pueden gestarse también en ella frustraciones, que se acrecientan cuando las cosas no funcionan como queremos, y de ahí viene el desánimo, la desconfianza, la falta de fe, desesperanza y, de aquí en adelante, cualquier cantidad de sentimientos que no solo no construyen nuestra relación, si no que por el contrario la destruyen.

Es por este motivo que siempre debemos ir a nuestra fuente inagotable de bendiciones: Dios. Con esto no decimos que Él sea nuestro bombero. Él es nuestro Salvador y también es el que llena los vacíos de lo que carecemos en nuestra vida.

Romanos 8:25-26 nos hace la primera invitación a esperar en aquello que no vemos, con paciencia; pero lo hermoso de estos versos es que Dios no te deja solo en la espera, pues hay alguien que está contigo y te ayuda en aquella oración que con seguridad has hecho. Es el Espíritu Santo, quien te acompaña en la debilidad, cuando tus pensamientos se alejan del Amor.

¡Ya no estás solo! “… Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre” (Mateo 19:6). Debemos tener claro que nuestra vida tiene un propósito final: la salvación. Esta meta no la debemos perder de vista; y nuestra pareja tiene mucho que ver en esta carrera, pues es esa ayuda idónea, esa mano que te levanta, ese calentador, ese cordón que no te deja desfallecer y alejarte de este propósito (Eclesiastés 4:9-12).

Aclaramos que la salvación es individual, aun así Dios nunca nos ha dejado solos; siempre hemos tenido una mano amiga (llámese esposa, esposo, amigos, hijos, padres, un extraño en la calle, etc.) que nos alienta. Por tal motivo no podemos perder la esperanza de que Dios ha dispuesto tu pareja como la compañía que necesitas en este camino.

Si cambias la mirada hacia tu pareja y comienzas a ver que cumple parte de tus sueños y que con ella puedes construir cosas juntos, ¿por qué perder la esperanza de cambio en tu relación? Filipenses 3:13-14 nos dice que no somos seres perfectos, pero eso no nos impide continuar.

Por ello lo que debemos recuperar es la fe y la esperanza en el matrimonio establecido por Dios, poniendo juntos empeño en nuestra relación, como lo dice en Hebreos 6:11-12: “Deseamos, sin embargo, que cada uno de ustedes siga mostrando ese mismo empeño hasta la realización final y completa de su esperanza. No sean perezosos; más bien, imiten a quienes por su fe y paciencia heredan las promesas”.

No puede ser más clara la Palabra de Dios en nuestra vida. Reflexiona junto con tu pareja y comienza a verla con otros ojos, teniendo en mente el propósito que tiene Dios para los dos.


Por: Milena Constanza Varón y Jaime Alberto Garzón

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