nueve + = 13



3 × = veinte cuatro


Desde hace algunos años había escuchado hablar de él y de lo que estaba haciendo en Zacapa. En un viaje tiempo atrás pude observar la magnitud del complejo que se erguía en aquel lugar.

Por: Alexis Canahui

A principios de este año lo vi en los medios de comunicación al entregar una millonaria donación al gobierno que tomaba posesión; pero fue hasta ahora que tuve la oportunidad de entrevistarlo y conocer más de cerca lo que hace en su natal ciudad.

Después de una desafiante y muy enriquecedora charla, hice un tour por las instalaciones que comenzaron con un asilo de ancianos que prometió en un pacto con Dios que construiría. A pasos agigantados se convirtió en una ciudad comunitaria, un bunker de apoyo social, con bodegas de alimentos, hospital, orfanatos, hoteles para misioneros, entre otros.

Estoy hablando de Carlos Vargas, un guatemalteco que ha mantenido el perfil bajo —aunque todo lo que hace parece que lo hiciera una organización millonaria extranjera—, es él y su equipo quienes han levantado un “paraíso” llamado Hope of Life, o en español, Esperanza de Vida.

hope-of-life

Vista panorámica del centro Esperanza de Vida en Zacapa, en la región nor-oriente de Guatemala. / Fotografía: Cortesía

Con una estrategia bien definida recibe a diez mil personas cada año que vienen a donar su tiempo y sembrar esperanza en los más necesitados, y ahora ya no solo en Zacapa, sino en varios lugares del país. También donó recientemente al gobierno —por segunda vez—, 50 millones de quetzales en equipo médico y medicinas que vencen entre 2017 y 2020 (quizá esta sea la razón por la que los medios sensacionalistas no dieron ninguna cobertura).

Don Carlos Vargas es un hombre con un gran propósito; irradia pasión y amor por los más necesitados. Una persona muy cordial, muy atenta, determinada. Me recibió como se recibe a un amigo. No es nada difícil percibir la sinceridad de su corazón y el motivo principal que lo mueve a entregar su vida a esta causa; como él mismo lo dice: logró el éxito material y llegó a la cima, pero nada le ha llenado de tanta satisfacción como el ver vidas transformadas.

Uno de los momentos más conmovedores de esta visita fue ver el testimonio gráfico de niños con desnutrición crónica que los rescataron estando al borde de la muerte; niños de 10 o 12 años de edad con el peso de un niño de 2 o 3 años; sus huesos marcados y su estructura corporal del tamaño del brazo de un adulto, ver cómo se han recuperado siendo atendidos y tratados médicamente sin ningún costo.

¿Quién es Carlos Vargas? Nací en 1952.  Provengo de cuna muy pobre. Crecí en un ranchito, en una aldea en Río Hondo, Zacapa. A los 16 años tuve que irme porque ese lugar se había convertido en un campamento de guerrilleros, y las opciones para vivir en Zacapa eran: irme a la guerrilla o morir. Cuando me presenté al ejército me dijeron que como mínimo tenía que tener 18 años para poder entrar, entonces, decidí irme a los Estados Unidos en busca de un futuro mejor.

Me fui a los Estados Unidos en 1968. No tenía nada. Una persona me prestó $150, compré un boleto aéreo que me costó $140 y llegué a Estados Unidos con $10 en la bolsa. Eso, fue más que suficiente para empezar a trabajar.

Logré estabilizarme en aquel país. En 1973 me convertí en ciudadano, lo cual me permitió regresar esporádicamente a Guatemala; pero me olvidé de todos los que dejé atrás, solo me preocupaba por mí y por mi familia.

Encontré trabajos que me ayudaron a encontrar lo que yo en ese entonces creía que era la prosperidad: el dinero. Trabajé en una joyería, aprendí a hacer de todo lo que se requería para hacer una joya, aprendí tanto, que decidí abrir mi propio negocio. Con este, llegué a manejar millones de dólares, tuve casi 250 personas contratadas.

Sufrí una enfermedad de parálisis que no me permitía levantarme ni usar mis manos y mis pies. Fue allí cuando decidí regresar a Guatemala, quería vivir mis últimos años aquí. Cuando regresé al país era tan pobre, que lo único que tenía era dinero.

Una tarde, —estando ya en Guatemala— una niña se acercó al lugar donde me tenían acostado, la acompañaba una persona no vidente y me pidió una limosna, yo le dije que sacara dinero de en medio de mi bolsa, lo tomó y se fue. Así comenzó todo. Le empecé a orar a Dios diciéndole que, si me levantaba de ese lecho me dedicaría a ayudar a los pobres y a todos los que dejé atrás. Oré durante tres días, y al cuarto día me logré levantar, comencé a caminar despacio y ahí empezó una nueva vida para mí.

Siempre he mencionado que yo no escuché que la voz de Dios me llamara a dedicarme a esto, porque no me llamó Él, lo llamé yo. Necesitaba un milagro de vida y me sanó.

Aún no he escuchado la voz de Dios, para mí es suficiente Su palabra y lo que está escrito ahí. Escuchar el llanto y el grito de una madre pidiendo ayuda o a un niño diciendo que tiene hambre; para mí es Dios hablándome a través de ellos. Ahora escucho la voz de Dios a través de los que sufren.

¿Cómo inició la ayuda humanitaria? Yo le prometí a Dios hacer un asilo —actualmente tenemos más de 150 ancianos—, fue la primera promesa que le hice si me sanaba, ese era mi sueño.

En una ocasión, cuando buscaba a un anciano que había sido abandonado, escuché a un niño llorando, al entrar a la covacha de donde venía el llanto, había un niño solo y muy sucio; su madre había matado a su hermanito y lo había abandonado a él. Tomé esa situación como un llamado de Dios diciéndome que ahora necesitaba un orfanato y decidí construirlo.

Actualmente tenemos más de 600 niños en los distintos programas que desarrollamos; un orfanato en el que he de mencionar que no viven como huérfanos; viven ocho niños en una casa junto a una pareja con un llamado ministerial a cuidar niños.

Iniciamos hace 28 años y los primeros 10 todo era financiado por nosotros, luego nos dimos cuenta que si seguíamos así el proyecto se iba a morir junto con nosotros, y si no nos enfocábamos en pedir ayuda le estaríamos robando a las personas la oportunidad de cumplir sus sueños.

carlos-vargasCarlos Vargas durante el rescate de un bebe que agonizaba por desnutrición. / Cortesía

¿Qué proyectos han desarrollado para hacer de la fundación lo que conocemos ahora? Hemos construido hoteles que hospedan a los misioneros que nos ayudan, que en su mayoría son extranjeros, a los cuales les hemos inyectado esta misma pasión. En promedio tenemos a 800 grupos de universitarios al año, algunos alcanzan hasta los cien integrantes. En los hoteles tenemos capacidad para alojar a 500 personas; estamos realizando algunas remodelaciones y construcciones para hospedar a 300 personas más. Tenemos casas misioneras, casas VIP, casas para parejas, casas para grupos…

Todas las personas que vienen tienen una agenda de actividades que nosotros hacemos. Hay grupos que vienen a construir casas. Si un grupo empieza desde un lunes a construir cinco casas, nos aseguramos de inaugurarlas el día viernes; de igual forma trabajamos con las escuelas e iglesias. También vienen a evangelizar, sirven alimentos y apoyan el área de salud. Han habido ocasiones en las que en un grupo hemos recibido hasta 3 000 personas en una semana.

La gente viene con la actitud de servir a nuestro país, se mantienen ocupados durante 8 horas como mínimo. Pagan 700 dólares por venir a trabajar, ese costo incluye: alimentos de calidad, dormitorios con aire acondicionado, piscinas, transporte, seguridad. La mitad de lo que pagan lo gastamos en su alojamiento, mientras la otra mitad la usamos para el funcionamiento de la institución.

Si tienen el deseo de construir una escuela, ellos mismos envían los materiales con anticipación, para que cuando ellos vengan ya estén listos para trabajar. Son grupos de gente buena que quieren invertir en el menos afortunado. Hay muy pocos guatemaltecos que deciden trabajar en la fundación, la mayoría son extranjeros. Lamentablemente nuestra gente no fue enseñada a dar, fue enseñada a pedir para recibir.

¿Cómo gestionó la estrategia de hacer algo diferente a lo que hacían los misioneros en Guatemala? Soy un empresario, y decidí que no iba a pararme en una plataforma a pedir que me regalen dinero. Decidí crear un modelo diferente, un lugar al que todos quisieran ir, hicimos piscinas, jacuzzis… Creamos lugares cómodos para que los misioneros trabajaran durante el día y después pudiesen disfrutar una estadía de lujo.

A partir del asilo ¿cómo se fueron desarrollando todos los demás proyectos?Después del asilo hicimos el orfanato. Cuando mis niños bajaban del orfanato a la escuela, tenían problemas con otros niños que les decían que eran huérfanos; entre ellos se peleaban y mis niños les ganaban a los otros. Yo siempre les hablaba de liderazgo y les enseñaba que debían ganar en todo, y como siempre estaban dando problemas en ese aspecto, muchas veces los suspendían y ya no podían regresar a la escuela. Todo eso me motivó a hacer un colegio, no solo para nuestros niños, sino para todo aquel que quisiera estudiar ahí.

edificio-esperanza-de-vidaEn el centro Esperanza de Vida se generan más de 400 empleos. Cada año vienen 10 mil voluntarios extranjeros. / Fotografía: Cortesía

Niños de muy buena posición económica estudian en el colegio junto a nuestros niños; la educación que brindamos no es barata, los ricos pagan por la educación de los pobres.

En una ocasión, llevaba al hospital a una niña de 9 años; mientras íbamos, por todo el camino me decía que no la dejara morir, oré por ella, pero en el traslado hacia Guatemala, murió. En memoria de ella decidí construir un hospital de seis pisos; es un hospital para rescatar a niños con problemas de desnutrición.

Después de ello, nació otro proyecto que ayudaría a las mujeres abusadas. Este se dio cuando en una ocasión llevaba al hospital a una niña de 11 años que pesaba tan solo 33 libras, pero su estómago era una poco grande; cuando le hicieron el examen de sangre, notamos que estaba embarazada del padrastro. Metimos a la cárcel al padrastro e iniciamos a construir «La aldea de mujeres abusadas». En esta aldea hay 125 casas habitadas solamente por mujeres que han sido abusadas.

Son solamente algunos de los proyectos que hemos desarrollado al ver la necesidad de la gente.

¿Cómo cuantifica el impacto que ha tenido la organización Esperanza de Vida dentro y fuera del país? 90 % del trabajo lo hacemos afuera. Vamos a cualquier comunidad y al lugar que vayamos mencionamos a Esperanza de Vida y todos tienen un concepto muy alto de la fundación.

Todos los políticos han pasado por aquí buscando respaldo, porque saben que podemos inclinar la balanza a su favor. Siempre hemos apoyado a los gobiernos para el beneficio de la población; un ejemplo de ello es el aporte que hicimos al gobierno para la tormenta Agata. Llevamos dos helicópteros con 400 000 libras de alimentos. Los suministros los llevamos directamente al pueblo o la aldea, y el gobierno hace entrega de ello. Si el gobierno no nos parece, nosotros nos encargamos de hacer llegar la ayuda.

¿Cómo ha cambiado la vida de las personas que reciben apoyo por parte de la fundación? Cada huérfano que sale de aquí es un campeón, hay quienes se han vuelto profesionales en la música y viajan a Estrados Unidos a presentarse en varios concursos.

Tenemos jóvenes que se van a estudiar a universidades del extranjero; se vuelven líderes porque les enseñamos que vuelen alto. Algunos trabajan en algún área de la fundación; el jefe de todos los rescates que hacemos era un niño huérfano, él es el primer niño que rescaté. Hemos rescatado a más de 3 000 niños.

Los tesoros más grandes no están en las minas de diamantes del África, sino en las tumbas, donde se encuentran todos los hombres que tenían grandes ideas y nunca las llevaron a cabo.

A inicios de este año, el gobierno recibió donaciones para los hospitales por parte de varias organizaciones, entre las que estaba Esperanza de Vida. ¿Tuvieron algo que ver con el medicamente vencido que se donó? Esa donación se dio dos días después de que el presidente asumiera el cargo, nosotros no donamos medicinas, donamos equipos de anestesia, radiografía…, todo tipo de equipo en buen estado. Donamos aproximadamente 10 contenedores de equipo descartable valorado en 100 millones, todo en perfectas condiciones. Si algún medio de comunicación mencionó que donamos medicina, aclaro que no lo hicimos.

alexis-canahui-carlos-vargas

Alexis Canahui junto a Carlos Vargas en El Centro Esperanza de Vida en Zacapa.   / Fotografía: Revista actitud

A mediados de marzo hicimos otra donación que pasa los 50 millones de quetzales; en esa donación sí entregamos medicinas enviadas desde Europa, pero las fechas de vencimiento están entre el 2017 y 2020. También, dimos 64 máquinas de anestesia, para que el Estado distribuyera al menos una en todos los hospitales que existen. Esta donación solo la hicimos nosotros.

Los medios de comunicación se enteraron de esa donación y verificaron que las fechas de la medicina estuvieran correctas; no le dieron tanta importancia porque no había una mala noticia que publicar.

Las donaciones vienen por parte de organizaciones, iglesias, empresarios y varios grupos americanos, quienes se encargan de pagar los proyectos: escuelas, casas, iglesias… El año pasado se inauguraron más de 1000 proyectos en diferentes departamentos, además de que nos ayudan a hacer grandes donaciones al año.

¿Cuáles son los proyectos que Esperanza de Vida tiene para los próximos años?Hemos iniciado la construcción de una escuela tecnológica y vocacional conformada por cinco edificios; cada uno tendrá seis aulas. Habrá un edificio dedicado para mecánica, corte y confección, carpintería…, es un proyecto de varios millones de quetzales.

También estamos construyendo un business center que inauguraremos en agosto. En Cobán, San Lucas, Petén, estamos construyendo pequeños lugares como Esperanza de Vida. Hay varios proyectos que tenemos en mente trabajar.

¿Qué consejo le daría a los empresarios para que inviertan en nuestro país? Al empresario le diría que cuando él se vaya de este planeta será recordado por lo que hizo por otros, no por lo que hizo para sí mismo. Si su legado terminará con él, que continúe como está. La biblia dice que el que es generoso con el pobre presta a Jehová y en el día malo, Dios lo ayuda.

¿Qué le diría a las personas que por su condición han decido no soñar en grande y aferrarse a sus limitaciones? Que no permitan que nadie robe sus sueños, que estén dispuestos a pagar el precio y así alcanzar lo que quieren. Desde pequeño he soñado y creo que no hay nada imposible, que solo se trata de algo que nadie ha hecho. Si alguien tiene un sueño, que pague el precio, porque para estar en la cima no se llega en elevador, hay que escalar.

Los tesoros más grandes no están en las minas de diamantes del África, sino en las tumbas, donde se encuentran todos los hombres que tenían grandes ideas y nunca las llevaron a cabo.

Deja tu comentario:

comentarios

No Hay Más Artículos
Welcome to my blog!