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Por: Walter Martinez

Estoy convencido de que no hay un solo guatemalteco que no anhele la prosperidad y la unidad de nuestra amada Guatemala.  El problema es que todos lo anhelamos pero muy pocos están dispuestos a involucrarse y a pagar el precio por esa prosperidad y unidad.

Lo anterior se vuelve más crítico si nos preguntamos qué estamos haciendo los guatemalteco-cristianos por lograr una mejor Guatemala.

En Guatemala hay mucho por qué sentirnos orgullosos; la calidez de nuestra gente y la belleza natural e incontable de nuestra geografía.  Hay muchos guatemaltecos que son luz a este país, que luchan silenciosamente contra las sombras que coexisten.

En contraste, la desnutrición que cada año provoca muertes en varios departamentos del país, la inseguridad que vivimos por diversas razones, un sistema educativo en crisis y otros elementos que vemos o vivimos cada día son las sombras que opacan la luz que debe iluminar plenamente.

Hablemos de contrastes:

Vivimos en un país con una riqueza y diversidad cultural como pocos en el mundo. Guatemala es conocida como el corazón del mundo maya, con 23 etnias que conviven a lo largo de todo nuestro territorio.  Sus logros astronómicos, gastronómicos y matemáticos son fuente de interés para muchas otras culturas en el mundo.  Según estudios sobre nuestra estructura poblacional, el 45% de nuestra gente es parte del pueblo Maya-Quiché, el 45% forma la población ladina y el restante 10% es población de origen europeo, raza negra y asiática.

Sin embargo, la falta de acuerdos y consenso entre las distintas comunidades, ha sido terreno fértil para la violencia, la pobreza, la división y hasta el conflicto armado entre nuestra gente solo porque no logramos aceptar que más allá de grupos raciales todos juntos formamos una sola nación.  Peor aún, no logramos reconocer en nuestras comunidades que todos somos hijos de un mismo Dios, creador del cielo y de la tierra y que todo lo que existe le pertenece, incluyéndonos, y que su amor es tan grande que envió a su único hijo a morir para que todos fuésemos salvos.

¿Guatemala necesita ser transformada? Meditemos sobre nuestra realidad; un indicador de la prosperidad de una nación es su Producto Interno Bruto -PIB-.  Sin embargo, el PIB no mide el nivel de bienestar social o la calidad de vida en cada país.

Robert F. Kennedy afirmó en 1968 que el PIB cuenta lo que contamina nuestro aire, los productos que afectan nuestra salud y las ambulancias que transportan los heridos causados por la violencia en nuestras carreteras y ciudades, cuenta las cerraduras de seguridad con que nos protegemos y la construcción de las cárceles donde encerramos a quienes las rompen. Cuenta la destrucción de nuestros bosques y la pérdida de nuestra naturaleza en medio del caos ambiental que vivimos.  Sin embargo el PIB no cuenta la salud de nuestros hijos, la calidad de su educación y la felicidad de sus juegos.

Es indiscutible entonces mencionar que se requiere de nuevas mediciones que sean capaces de darnos una mejor percepción del crecimiento económico, la competitividad y el desarrollo humano.

El índice de Progreso Social es una iniciativa de la organización mundial Social Progress Imperative.  Este índice pretende medir de manera directa el progreso social y su correlación entre el crecimiento económico y varios indicadores sociales.  Se ha visto que el progreso social es de hecho un detonador del desarrollo económico.  De acuerdo con el Social Progress Imperative –SPI- es imposible alcanzar el bienestar integral de un país sin la medición permanente del progreso social.

Para efectos de entender mejor la estructura del Índice de Progreso Social –IPS-, debemos conocer y entender la definición que el IPS ha dado sobre Progreso Social:  “El progreso social es la capacidad de una sociedad de ocuparse de las necesidades humanas básicas de sus ciudadanos, establecer los pilares que permitan que tanto los ciudadanos como las comunidades puedan sostener y mejorar su calidad de vida, y crear las condiciones necesarias para que todos los individuos alcancen su potencial.

El Índice de Progreso Social se construye a partir de tres dimensiones:

  1.  Necesidades humanas básicas: Este eje responde si se cuenta con las condiciones más esenciales para la supervivencia.
  2. Bases para el bienestar: Este eje refleja si se cuenta con las políticas e instituciones necesarias para apoyar la mejora del bienestar individual y de la comunidad de forma sustentable.
  3. Oportunidades: Indica hasta qué nivel los ciudadanos son capaces de alcanzar su pleno potencial.

Según el IPS, en el 2014 en Centroamérica el primer lugar lo ocupa Costa Rica, quien además es el primer lugar en Latinoamérica, ocupando el puesto 25 de 132.  Guatemala ocupa el puesto 76, el penúltimo lugar en la región centroamericana, sólo superando a Honduras que ocupa el puesto 77.  El Salvador ocupa el puesto 63 y  Nicaragua el 74.

 

De los temas cubiertos por el eje de Necesidades Humanas Básicas, Guatemala presenta su mayor debilidad en la parte de Seguridad Personal, lo cual tampoco es una sorpresa.

En resumen, Guatemala ocupa el puesto 82 en Necesidades Humanas Básicas, el puesto 68 en Fundamentos para el bienestar y el puesto 71 en oportunidades.

La conclusión es automática luego de este breve análisis, Guatemala necesita transformación.  Más que un tema de seguridad, tenemos un tema de unidad, perdón, principios y valores que marquen nuestra cultura como país.  Podemos como iglesia influir positivamente en este cambio urgente, claro que sí.  No sólo podemos, debemos actuar ya.  ¡Vamos Guate!

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