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David Hormachea ha dedicado su vida a ayudar a la familia. Es fundador de la organización “De regreso al hogar”. Ha publicado 16 libros. Estudió en Biola University en Estados Unidos, una Maestría en Artes del Ministerio con énfasis en Asesoramiento Familiar; además recibió un Doctorado Honoris Causa en “Divinidades” de la misma universidad, de la cual solo dos latinos han alcanzado ese título por sus logros alcanzados. En esta oportunidad nos cuenta un poco acerca de su ministerio.

¿Qué lo motivó a enfocarse en la familia?

Primero, yo crecí en una familia hermosa, nos enseñaron principios y valores. Segundo, como yo amaba a mi familia quise formarla bien, pero no tenía la información adecuada. Amaba a Dios, amaba a la iglesia, amaba a mi familia, mas no sabía cómo ordenar mis prioridades. Dediqué mucho tiempo a mi trabajo y a la vida de la iglesia, descuidando así a mi esposa; hasta que llegó el día en que ella me dijo: –no más David, la iglesia es más importante que yo. Fue un golpe duro a mi orgullo. A raíz de eso tuve la necesidad de investigar y buscar ayuda, y encontré algo que me ayudó a volver a conquistar a mi esposa, aprendí lo básico de la vida de una familia.

Cuando mis amigos y personas de la iglesia –como era un líder–, vieron que mi matrimonio era saludable, me dijeron –¿qué hiciste? Y entonces empecé a compartir lo que había vivido y a la gente le gustó; inicié a incluir en mis charlas temas de la familia que antes no incluía. Había mucha necesidad de temas prácticos.



Mi primera lealtad tiene que ser Dios, pero Él dice: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”. Y Él me manda a amar a mi familia y educar a mis hijos.

Como líderes, ¿cómo encontrar el balance entre la familia y el ministerio?
Hay una relación directa entre la conducta del individuo y su relación con Dios, y si yo ignoro las necesidades de mi esposa por dedicarme a mi relación con Dios estoy irrespetándola, y eso obstruye mi oración. Es un obstáculo y mi ministerio deja de tener sentido.

Tengo que planificar mi cambio, no solo sentirlo, tengo que hacer un plan de entrenamiento, nadie puede hacer lo que desconoce, nadie puede hacer bien, lo que conoce mal; eso demanda un proceso de cambio y aumento de la fe a la virtud. Cuando yo entiendo eso, debo ver cómo me preparo. Dios nunca exige algo que no podamos alcanzar. Mi primera lealtad tiene que ser Dios, pero Él dice: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”. Y Él me manda a amar a mi familia y educar a mis hijos. Si no incluimos a nuestra familia de forma planificada en nuestra agenda, nunca estarán.

Si la familia es la bese de la sociedad ¿Cómo afecta la iglesia a la sociedad misma?

Lo único que produce una vida transformada es una verdad aplicada. Las iglesias deben enseñar de forma práctica cómo vivir conforme al propósito de Dios, principios y valores que tanto hacen falta. La sociedad va de mal en peor, porque la iglesia no cumple esta responsabilidad. Hasta que las iglesias se enfoquen en esto y lo enseñen habrá cambios en la sociedad.

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