El hombre de Fraternidad –Entrevista–

Entrevista actitudCon gustos sencillos como una exquisita paella para degustar; unas buenas vacaciones en el IRTRA de Retalhuleu; una predilección por la música de los 60´s; teniendo como libro favorito la Biblia y una frase que lo distingue, la cual es: “La grandeza está en la sencillez”, y considerado por sus logros en el Señor, como el pastor de Guatemala”.  Jorge H. López, abrió su corazón a Revista Actitud, concediéndole parte de su valioso tiempo, para conocer más de él y de sus logros.

Hoy por hoy ¿Cómo se describe  Jorge H. López?

Como un siervo de Dios, predicador del Evangelio, que después de haber recibido reconocimientos como apóstol, doctor, maestro o evangelista, prefiero ser conocido como “el pastor”, ese fue el título que usó Jesucristo, El dijo: Yo soy el buen pastor.  Y a mí me gusta describirme como el pastor Jorge H. López; me hace sentir bien, y de alguna manera, he sido aceptado en cierto aspecto, como el pastor de Guatemala, porque cuando hay alguna situación complicada me buscan, pareciera ser, que encuentran alguna palabra  de esperanza, de sabiduría o de consuelo y yo soy feliz desarrollando ese ministerio.

¿Cuáles eran sus pensamientos de adolescente?

Muy soñador, deseoso de superarme, soñé con aprender inglés cuando nadie quería hacerlo, acabo de regresar de Corea, de predicar en la iglesia del Dr. David Yonggi Cho; lo que me convierte en el primer guatemalteco predicando en la iglesia más grande del mundo. Mis pensamientos han sido siempre de progreso, a mí nunca se me ha olvidado que fui pobre, que muchas veces tuve que pedir fiado para el desayuno, que me daba vergüenza, ahí me propuse salir de esa pobreza.

¿Cómo fue su conversión?

Los primeros cuatro años de la primaria yo iba a un colegio evangélico y allí había un devocional todos los lunes, pasé varias veces a aceptar a Cristo,  pero formalmente entregué mi vida al Señor a finales de 1962 a los doce años, en la iglesia bautista El Calvario.

Mi abuela conocida como “la abuela Choma”, cuando  yo nací ella tenía 80 años y se transportaba en camioneta, ella me pedía que la acompañara a los lugares donde la invitaban a predicar, cuando ella estaba disertando me decía: Jorge léeme “Mateo 24”. Y aquel muchachito de 9 años se paraba a leerle el pasaje.

A principios de 1963 ella se enferma de gravedad y a media noche me mandó a llamar, al llegar a su cuarto me dijo: ¡Jorge arrodíllate! Y me bendijo diciendo: ¡Dios mío! has de mi nieto un siervo tuyo, un predicador del Evangelio. Y ahí cayó la presencia de Dios sobre mi vida, al rato ella murió y me dejó la bendición.  Ese mismo año, en agosto, yo recibo el bautismo en el Espíritu Santo y entré a una época de consagración a Dios.

¿En qué momento decide usted ser Pastor?

En el momento en que entré a la Escuela Bíblica, a mis 15 años fue cuando tomé la decisión, empecé a predicar en las iglesias de la asociación de El Calvario en la capital, y en el interior, años después hice giras desde Canadá hasta Colombia, cantando en el trío “Los Hijos del Reino”, en 1969 cuando me gradúo de la Escuela Bíblica, trabajo con la juventud a nivel nacional, como director juvenil, muchos de esos jóvenes, son pastores hoy en día, y a los 20 fui nombrado pastor de una iglesia en el Progreso, Guastatoya, luego de varios viajes al extranjero, fui llamado a ser uno de los co pastores de la iglesia central del Calvario, ahí estuve 4 años; a los 28 años, me preguntaron qué planes tiene para el futuro, y les dije: –Quiero  empezar la Fraternidad Cristiana de Guatemala.

¿Cómo nace en usted la visión de hacer una mega iglesia?

La necesidad obliga, nunca dije: ¡Quiero un gran templo! comenzamos en el hotel Guatemala Fiesta, se llenó,  luego nos trasladamos al salón Los Lagos del Camino Real, se saturó, buscamos el cine Reforma que era un poco más grande; seis años después, hicimos el auditórium para 3 mil 500 personas.  En 1993 encontramos el terreno donde hoy está la Mega Frater, y lo compramos al contado y empezamos a planificar; 8 años después empezamos la construcción para el auditórium de Mega Frater.

¿Qué cosas hay que sacrificar para llevar a cabo una visión como la suya?

Hay que sacrificar el tiempo, porque uno quiere las cosas rápidas y eso lleva a algunos a precipitarse y hacer cosas imprudentemente, hay que tener mucha paciencia para lograr comprar las propiedades, debemos darle tiempo a los procesos para que estos duren.

¿Alguna vez pensó que en lugar de hacer una mega iglesia, hacer varias pequeñas?

Yo viví la experiencia, en la iglesia en la que me crié, de tener muchas iglesias, yo conozco denominaciones que tienen miles de iglesitas pero no impactan, una iglesia grande en una gran urbe es más impactante en la sociedad que dos mil pequeñas, y su influencia es mayor, se convierte en una voz nacional; el presidente de la Alianza Evangélica de Guatemala dijo de Fraternidad Cristiana de Guatemala es “punta de lanza”.

Virgilio Zapata, en su libro “Historia de la Iglesia Evangélica de Guatemala”, nos dedicó un párrafo en su libro, todavía estábamos en cine Reforma, y dice: “Esta iglesia se caracteriza por un liderazgo joven y dinámico.” Y usó una frase que me encantó “El viejo evangelio se vistió de nuevos ropajes”.

¿Cómo logran la cercanía con sus miembros siendo tantos?

Tenemos una estructura formada por muchos equipos, sólo de voluntarios tenemos a 3 mil 500 que son los que hacen la obra, hay cientos de células en donde la gente puede tener compañerismo, relación personal y participar en la gran celebración dominical y para no estar perdidos.

 ¿Cómo se siente al ser el pastor de la iglesia más grande de Latinoamérica?

Me siento igual que cuando empecé, contento y entusiasmado,  apasionado y soñando, yo dije: Con  la ayuda de Dios seremos la iglesia más grande de Guatemala. Y éramos 20 gentes,  pero estaba la visión, y esa pasión ayuda.

¿Ha recibido algún mérito?

Distinta clase de reconocimientos, en Estados Unidos, en el dos mil, me reconocieron como Apóstol, allá me dieron un doctorado en Letras Humanas, Honoris Causa, mérito por el ministerio desarrollado; para mí lo más importante, es estar en la voluntad del Señor y que El esté agradado con lo que hago.

El proyecto de 40 millones de dólares que costó la Mega Frater, conlleva una gran responsabilidad ¿Cómo pudo usted con tanto, y cómo logró la confianza de todos los miembros de la iglesia?

Porque me vieron administrar el dinero año con año con integridad, delegando, confiando en el Señor, organizando mi tiempo, me enfermé un poco por falta de descanso, por stress, pero con la ayuda del Señor se puede.

¿Alguna vez acudió a algún préstamo?

Todo lo hemos hecho al contado, cuando íbamos a inaugurar la Mega Frater, había que pagar 7 millones, en aquel tiempo ya estábamos raspando la olla,  entonces le pedimos a Banrural que nos ayudara con un crédito revolvente, es decir, una autorización de sobre giro en la cuenta y por unos meses lo estuvimos utilizando y luego lo cubrimos, de los 40 millones tal vez fue uno.

¿Cómo es Jorge H. López, como esposo y papá?

Pues todavía estoy con la misma esposa ¡jajaja! Todavía mis hijos me quieren, me respetan, me aman, están en los caminos del Señor, según ellos soy un papá ejemplar, yo siempre ordené mis prioridades, diferente a la de muchos colegas, primero Dios, luego la familia y después el ministerio, ahora tengo familias bonitas con mis hijos porque les dediqué tiempo, amor y bendición.

¿Qué cualidad es la que más le gusta de su esposa?

Mi esposa es fiel y muy trabajadora, siempre ha estado en el ministerio muy activa, nos hicimos novios en la Escuela Bíblica, yo siempre le pedía al Señor que me diera una mujer que tuviera el llamado de servirle.

¿Qué cosas cambian después de 32 años de éxito continuo?

Aparte de que uno envejece, la familia crece –tengo 5 nietos–, ahora me invitan a todos lados, próximamente iré a Chicago, Honduras, Colombia, Chile, Perú, no a establecer iglesias sino a enseñarles, a darles visión, pasión, entusiasmo, principios para que ellos salgan adelante.

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