COSAS NUEVAS

Mi sueño cuando era niño era ser un superhéroe, que con sus súper poderes lograra liberar a las víctimas que estaban siendo injustamente maltratadas por el villano o malhechor, y ser inspiración  para derrotar el mal… Algo ha ido cambiando con el paso de los años.

Hace unos días tuve la oportunidad de estar en contacto con una persona del medio oriente a quien llamaremos Juan (nombre ficticio). Él estaba presente en el norte de Iraq para compartir un seminario de formación para líderes cristianos justamente cuando se dio la invasión del grupo radical ISIS (Estado Islámico y de Levante) y las tristemente conocidas masacres e injusticias que causan gran indignación alrededor del mundo. Su primer blanco fueron los cristianos y las ciudades que les dieron cabida a los mismos, muchas personas tuvieron que escapar para guardar sus vidas y dejar sus hogares y estilos de vida para vivir en la calle, jardines y plazas públicas a merced del inclemente clima que promedia entre 45 y 48 grados centígrados a la luz del sol.

La primera reacción de Juan fue pedirnos apoyo en oración para poder proteger su vida y salir pronto del país, cancelando lo que había programado hacer allí dos días después, sin embargo, los aeropuertos y carreteras estaban cerrados, debía pensar en formas alternas de huir a través de las fronteras junto a miles de desplazados sin esperanza. Me identifiqué con él, ya habría pensado en hacer lo mismo, tengo familia y una vida en mi propio país, me habría auto justificado pensando en que debo cuidarme para “seguir cumpliendo con mi llamado especial”.

Sin embargo, un día después de enviar el comunicado pidiendo por su salida a salvo, nos envió otro mensaje, esta vez había algo diferente. Había estado en oración toda la noche acompañado por la intercesión de todos los que alrededor del mundo compartimos su llamado, Dios le dio a entender que la idea de huir era inspirada por el TEMOR antes que por la FE.   Juan decidió creer y se quedó en el país para cumplir el propósito por el cual Dios le había llevado a ese lugar.

Juan es médico, y se preparó como neurólogo durante 10 años antes de dedicar su tiempo al ministerio cristiano, algunas personas le pidieron que les ayudara a montar una clínica móvil temporal mientras él estaba allí, sin embargo, una colega cristiana que vive en Iraq, le dijo que podría tener problemas por  carecer de permiso para ejercer e implementar ese servicio. Juan convocó a otros médicos locales para comentarles que hicieran alianzas con un fin común, crear un ministerio que les permitiera tener acceso para conseguir y dar ayuda con víveres y recursos de diferentes partes del mundo (Cry of the Deep Need).  Lo que estaba programado como un evento de formación de líderes, se transformó en una jornada de evangelismo en la cual toda persona se acercaba para cubrir su urgente necesidad de ayuda humanitaria.

Un dato que Juan nos compartió sobre la realidad del cristianismo en Iraq, es que el porcentaje de presencia cristiana en el país ha disminuido de 33% (antes de Sadam Hussein) a menos del 0.5% al día de hoy. “Necesitamos más oraciones para que el TEMOR no haga que la iglesia huya de Iraq apagando así gradualmente la luz del evangelio, pedimos ayuda, soporte y oraciones para sobreponer esta situación y convertir este desastre político y racial en una puerta abierta para compartir el AMOR de Cristo en esta nación” fue la última petición de Juan mientras estaba en Iraq.

Me identifico con Juan en todo el proceso, desde el temor por guardar mi vida del peligro, la frustración de no poder hacer lo que deseaba hacer hasta el desafío de encontrar en medio de la adversidad la presencia de Dios y vivir creyendo que a pesar de la injusticia, la maldad y los temores Él sigue teniendo el control. La Biblia claramente nos dice que no debemos conformarnos con lo que piensa, acepta y tolera el mundo, sino que debemos transformarnos a través de la renovación de nuestro entendimiento para poder comprender la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta (Rom.12:1-2)

No debemos ir hasta Iraq para entender y darnos cuenta que la injusticia, la maldad y la corrupción del ser humano se hace cada vez más evidente en nuestra sociedad. En Guatemala el número de muertes violentas es alarmante, los índices de pobreza, desnutrición y analfabetismo siguen siendo indignantes, la indiferencia y egoísmo se marcan en todos los niveles sociales y comunitarios.

¿Qué pasó con la iglesia? ¿Dónde están los nacidos de nuevo de los cuales las iglesias  se enorgullecen tanto de haber alcanzado? ¿Son nuestras acciones como creyentes motivadas por el temor o por la fe?  Aún falta mucho por hacer, el llamado está cada vez más latente para transformar o trastornar al mundo. Es hora de dejar atrás el pasado y proseguir hacia el cumplimiento del llamado que tenemos en Cristo Jesús (Fil.3:13-14)

Yo quiero ver TRANSFORMACIÓN en mi país, y comenzaré por comprometerme con mi pedazo de mundo para ser un embajador del Reino de Dios en esta tierra. Hay emprendedores que aún no han abrazado un motivo superior que los lleve no solo a transformar a través de sus emprendimientos, sino a trascender a su propia existencia y capacidad, siendo instrumentos útiles en manos de Dios. Sé que no puedo ser el superhéroe que combate la injusticia, pero sé que puedo ser transformado en alguien muy poderoso y grande cuando estoy en la voluntad de Cristo.

No quiero amarrarme de las tristezas, errores o glorias del pasado, quiero ser transformado para transformar y creer que DIOS está haciendo “cosas nuevas” que pronto saldrán a la luz (Isa.43:18-19).  ¿A dónde te ha llamado Dios a llevar SU TRANSFORMACIÓN? ¿Qué te impide vivir a plenitud ese propósito especial que Él tiene para ti?  Tú estás llamado a Transformar tu Mundo.

Por: Byron López
Vicepresidente, Instituto Haggai 

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