Cómo la primera mujer creyó la primera mentira

Tomado del libro «Mujeres terribles de la Biblia» de la autora Ann Spangler, publicado por  Editorial Vida. Puedes encontrar la muestra completa del libro aquí

Bzzz, bzzz. Ella espanta todas las moscas que puede, pero insisten en volver. Son demasiadas como para poderlas contar. Está acostumbrada a tales contrariedades. Las moscas son una entre muchas. Su lugar favorito para atacar es alrededor de los ojos, ya que allí pueden succionar las lágri- mas antes que se asomen.

Aun así, Eva es una criatura espléndida, la mujer más bella del mundo en opinión de su esposo, una broma que lo hace reír. Tiene unos grandes ojos color miel, una piel suave y delicada, y una frondosa cabellera negra que se desliza como cascada por su espalda.

Libro-Mujeres-terriblesEva tiene recuerdos, pero no muchos. Las imágenes se arremolinan en su cabeza, nítidas y refulgentes, junto con largas y profundas sombras. Ella sabe lo que es caminar en el jardín de Dios, por senderos que ser-

pentean a través de prados verdes y la conducen a aguas límpidas y tranqui- las. Cuando tiene hambre, simplemente extiende el brazo para sacar de los árboles el alimento que crece en abundancia. Aceitunas, dátiles, cítricos, higos, uvas y granadas tan grandes que le tomaría varios días comerlas.

Recuerda lo que es tener cada sentido satisfecho, cada necesidad aten- dida. Caminar con Dios en el frescor del día. Conocer la inmensidad de su amor. Él le dice que la hizo a su imagen. Que ella y su esposo deben ejercer dominio sobre los peces del mar, las aves del cielo y todo el ancho mundo que ha creado. Que deben fructificar y multiplicarse para poder cuidar de su gran creación.

Les dice cómo separó la luz de las tinieblas y formó dos grandes lum- breras: la lumbrera mayor para dominar el día y la lumbrera menor para dominar la noche. Les habla de su deleite al poner las estrellas en sus sitios en el cielo. Para Eva, las estrellas se ven como pequeños puntos de luz brillante filtrándose a través del manto de la noche.

Escucha con asombro mientras él le dice cómo hizo un hogar para ella y Adán en el este del Edén, un jardín paradisíaco en el cual crece toda clase de árboles agradables a la vista y buenos para proporcionarles comida. En el centro del huerto crecen el árbol de la vida y el árbol del conoci- miento del bien y del mal.

 

Recuerda también lo que Adán le ha dicho. Cómo Dios lo formó del polvo de la tierra. Aún se acuerda del cálido y dulce aliento de Dios tra- yendo su alma a la vida. A Adán le encanta recordar el día cuando Dios hizo desfilar a todos los animales frente a él: cocodrilos, mandriles, gace- las, lagartijas, cotorras, cuervos, leopardos, chorlitos, monos, guacama- yos, pitones, ranas, cisnes trompetistas, yaks, zorros voladores, colibríes, garzas, elefantes, leones y grandes pavos reales. Dios y Adán disfrutaban viendo pasar a algunos animales de aspecto muy divertido. La mejor parte fue cuando Adán tuvo que ponerles nombre a todos.

Lo sorprendido que estuvo [Adán] cuando la vio. Su aliento, dice, tenía la fragancia de las manzanas, y sus pechos eran como racimos de fruta. Su boca era el vino más delicioso.

En realidad, Eva conocía muy bien la escena, casi como si hubiera estado ahí y Dios aun no hubiese puesto a Adán a dormir para sacarla de su costado. Quizás el recuerdo perdurara desde cuando los dos habían sido uno.

Adán siempre le recuerda que incluso entre las criaturas más mara- villosas que Dios había hecho, ninguna hacía pareja con él. Por eso fue que el Señor Dios lo hizo caer en un sueño profundo y, mientras estaba dormido, formó a una mujer de su costado.

El deleite de Dios era evidente cuando se la presentó a Adán y lo oyó exclamar:

«Ésta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Se llamará “mujer” porque del hombre fue sacada».

Esta es la parte favorita de la historia para Eva. Le encanta escuchar a Adán cuando la cuenta. Lo sorprendido que estuvo cuando la vio. Su aliento, dice, tenía la fragancia de las manzanas, y sus pechos eran como racimos de fruta. Su boca era el vino más delicioso.

Eva y Adán. Adán y Eva. Cada uno complementando al otro. Ella sonríe al recordar su vida juntos en el Edén.

Recuerda también lo que en un principio no sabía: que podría haber un lugar menos perfecto, una vida menos placentera, un futuro menos brillante. Que el pecado podría estar acechando a la puerta, esperando la oportunidad para derribarnos y destrozarnos en mil pedazos, cada uno con una espina y una púa. Engaño, culpa, miseria, vergüenza y dolor terrible. Todo esto y peor ya lo ha conocido.

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