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A lo largo de los valles y montañas que abrazan al Mar de la China Oriental, una campaña gubernamental china para retirar las cruces de los chapiteles de las iglesias ha dejado al campo como si un tifón hubiera arrasado la costa, decapitando edificios al azar.

En la localidad de Shuitou, los trabajadores usaron sopletes para cortar una cruz de tres metros de altura del chapitel de treinta y siete metros de la Iglesia de la Salvación. Ahora yace en el patio, envuelta en un sudario rojo.

Unos 16 km al este, en el distrito de Mabu, agentes de la policía antimotines bloquearon el paso de los parroquianos a los terrenos de la Iglesia de Dachang, mientras trabajadores erigían un andamio y serraban la cruz. En las aldeas cercanas de Ximei, Aojiang, Shanmen y Tengqiao, las cruces ahora yacen derribadas en las azoteas o en los patios, o enterradas como cadáveres.

En los últimos dos años —dijeron funcionarios y residentes—, las autoridades han derribado las cruces de entre 1200 y 1700 iglesias, en ocasiones después de violentos choques con los fieles que trataban de impedirlo.

«Ha sido muy difícil de enfrentar» —dijo un anciano religioso en Shuitou, quien, como otros, pidió el anonimato por temor a represalias por parte de las autoridades—. «Solo podemos ponernos de rodillas y orar».

La campaña se ha limitado a la provincia de Zhejiang, que alberga a una de las poblaciones cristianas más grandes y más vibrantes de China. Pero personas familiarizadas con las deliberaciones del gobierno dicen que la remoción de las cruces aquí ha preparado el terreno para un nuevo esfuerzo nacional para regular más estrictamente la vida espiritual en China, reflejando el control más estricto de la sociedad favorecido por el presidente Xi Jinping.

En un importante discurso sobre la política religiosa en abril, Xi instó al gobernante del partido comunista a «vigilar resueltamente contra las infiltraciones extranjeras vía medios religiosos», y advirtió que las religiones en China deben «sinizarse», o volverse chinas.

En las últimas décadas, el partido había tolerado un renacimiento religioso en China, permitiendo que la mayoría de los chinos oraran como eligieran e incluso alentando la construcción de iglesias, mezquitas y templos, pese a las represiones regulares sobre las congregaciones no registradas y grupos espirituales prohibidos como Falun Gong.

Ahora hay unos 60 millones de cristianos en China. Muchos asisten a las iglesias registradas ante el gobierno, pero al menos la mitad ora en iglesias no registradas, a menudo mientras las autoridades locales se hacen de la vista gorda.

Pero la decisión de Xi de convocar a una «conferencia de trabajo sobre asuntos religiosos» en abril —la primera reunión del liderazgo de ese tipo en 15 años—, sugirió que estaba descontento con algunas de estas políticas. La gente familiarizada con las discusiones del partido dice que pretende aplicar algunas lecciones de la campaña en Zhejiang para controlar a los grupos religiosos en todo el país.

Aunque es poco probable que el gobierno empiece a derribar cruces en toda China, —dicen las fuentes—, se espera que las autoridades locales empiecen a revisar las finanzas y lazos extranjeros de las iglesias y otras instituciones espirituales como parte de un esfuerzo por limitar la influencia de las religiones a las que el partido considera una amenaza, especialmente el cristianismo.

«Tratarlo como una religión extranjera pudiera alienar a estas personas» —dijo Frederik Fallman, un experto que estudia el cristianismo chino en la Universidad de Goteborg en Suecia—. «Pero este también podría ser el propósito: servir de advertencia».

La campaña empezó en 2014, cuando el gobierno anunció abruptamente sus planes de demoler una iglesia en la ciudad de Wenzhou, diciendo que no había recibido los permisos de construcción adecuados. Luego, el gobierno empezó a emitir órdenes para que las iglesias en toda la provincia retiraran sus cruces.

La Iglesia de la Salvación —un complejo con tres chapiteles encima de la sala de la congregación de tres pisos, las oficinas y un estacionamiento—, rápidamente se convirtió en centro de la resistencia. Cientos de parroquianos rodearon la iglesia para proteger la cruz, enfrentándose a cientos de agentes de la policía antimotines.

En un enfrentamiento, unos 50 miembros de la iglesia resultaron heridos. Según los parroquianos, el gobierno ejerció presión sobre los miembros más activos de la congregación. Algunos hombres de negocios dicen que sus socios fueron presionados para cancelar contratos con ellos. A otros, sus patrones les dijeron que perderían sus empleos si continuaban participando en las protestas.

Después de que la iglesia en Wenzhou fue demolida, la Iglesia de la Salvación cedió y aceptó retirar su cruz.

El gobierno dijo que estaba aplicando los códigos de construcción y que todas las estructuras habían sido afectadas, no solo las iglesias. Pero documentos revisados por The New York Times demuestran que a los funcionarios provinciales les preocupaba que las iglesias hubieran empezado a dominar el horizonte de la región.

«Hubo tranquilidad a fines del ańo pasado” —dijo un cristiano local—, «pero el gobierno ahora está dejando en claro que todas las cruces desaparecerán».

Conforme las autoridades presionaban en la campaña, prominentes líderes protestantes y católicos en toda China, incluidos personajes destacados en la burocracia de asuntos religiosos del gobierno, hablaron contra ella en sermones y en redes sociales.

Uno de ellos fue Gu Yuese, el pastor de una de las iglesias más grandes en el mundo de habla china, la Iglesia Chongyi, en la capital provincial de Hangzhou. Como uno de los líderes protestantes mejor conocidos en China, Gu resultó influyente, y sus críticas resonaron mucho más allá de la región.

«Estas acciones son una flagrante violación de la política de libertad religiosa que el partido y el gobierno han estado implementando y perfeccionando continuamente durante más de 60 ańos», se escribió en una declaración divulgada en papel membretado oficial del gobierno.

Luego fue silenciado. En enero, la policía detuvo a Gu y lo acusó de dar mal uso a fondos de la iglesia. Unos días después, otro pastor en Zhejiang que también se había manifestado fue detenido bajo cargos similares.

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